¡Has roto olla!


Estaba viendo la tele hace unos minutos y alguien ha soltado la frase…¡Has roto olla!
Y me he quedado pensando porque a mí esa frase me sonaba, y no sabia de qué exactamente, solo que la utilizaba de pequeño para jugar…pero no lo recordaba.

Entonces, he tirado de Google y he buscado la frase. Y han venido a mi mente una barbaridad de recuerdos de cuando era pequeño, cuando jugábamos todos los críos de mi edad de la urbanización donde vivía al escondite, en los bajos de cada torre, el cual estaba lleno de columnas y parterres donde podíamos escondernos, de portales y jardines donde si te tirabas en plancha, nadie te veía.

Recuerdo como alguien la quedaba, y contaba hasta veinte lento (porque la otra opción era cincuenta rápido) y todos escondidos. Entonces, el que la quedaba solo podía dar tres pasos para intentar ver dónde estábamos, aunque ya habiamos definido previamente el espacio válido para jugar.
Entonces, si el que la quedaba veía a alguien, decía “Por [nombre] que está [lugar donde está escondido]!!!”

Si era cierto, entonces salía y se sentaba a esperar, ya que podía venir algún amigo salvador y decir “Por mí, por todos mis compañeros y por mí primero!” y entonces quedaba libre. Pero si el que la quedaba veía a todos, ese primero la quedaría después.

Pero claro, siempre podía pasar que el que la quedaba, se equivocara de persona. Recuerdo cómo me cambiaba la sudadera en verano con mi amiga Mayte para que nos confundieran, o como en verano nos tapábamos con toallas para que no nos distinguieran, pero lo decretamos como “trampas” y se desechó, solo permitíamos ropa y sin taparse del todo.

Si el que la quedaba fallaba, entonces siempre se escuchaba el grito…”Has roto olla!” y todos salíamos corriendo bajo la mirada de cabreo del que la quedaba, de nuevo perdedor y que de nuevo tenía que volver a contar, cosa que hacia casi inmediatamente para pillarnos desprevenidos.

He recordado muchísimas cosas solo con una frase. Recuerdo las noches tibias de verano tras la piscina, que nos sentabamos hasta las diez en la placita (a las 9 cerraban la piscina, 8.30 en septiembre) y luego subiamos, cenabamos y volviamos a bajar para no hacer nada.

Recuerdo las discusiones de niños, los primeros juegos de besos, los primeros cigarros, las primeras incursiones fuera de la urbanización, los vecinos que se quejaban, los amoríos, las risas, la falta de preocupaciones…

…y yo aquí. Juro que hace años que no habia vuelto a tener esta frase en mente. La había olvidado totalmente y gracias a haberla escuchado, un rato si que he estado sonriendo acordándome de mis amigos y de la infancia tan divertida que tuve.

A ver si alguien se confunde,  rompe olla y puedo volver a salir corriendo a salvarme!

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