Primavera Valenciana

Lo que está sucediendo en Valencia, valga el chiste, es de traca: unos violentos y furiosos adolescentes invadidos por la más sangrienta ira agredieron con sus tiernos cuerpos y sus carpetas forradas de fotos de Justin Bieber a las indefensas porras de los antidisturbios que pasaban por allí tranquilamente, durante una manifestación convocada por WhatsApp y Tuenti para exigir lujos como, agárrense los machos, “calefacción” en las aulas.

¿Calefacción? ¿Dónde se creen que viven éstos, en Suecia? ¿Y qué va a ser lo próximo? ¿Material escolar gratuíto?

¿Qué pasa? Si la prensa difama y miente, yo también puedo!

Ahora en serio, los hechos fueron los siguientes: todo comenzó con un corte de tráfico. Algunos estudiantes,de entre 12 y 17 años del Instituto Lluis Vives de la capital valenciana llevaban protestando unas semanas los miércoles, cortando durante 10 minutos una calle, debido a que no había fondos en un instituto de Castellón (por los recientes recortes en el ámbito educativo) para conectar la calefacción y evitar esa molesta sensación de escribir con las manos congeladas. Porque Valencia no será nórdica, pero con 5º o 6º grados centígrados a las 9 de la mañana es suficiente para que cueste utilizar un bolígrafo. El 15 de Febrero, el estudiante de 17 años Andreu, es detenido y llevado a comisaria. En España, te guste o no, si tienes 17 años sigues siendo menor. Los policías no pensaron en eso. Y las protestas continuaron.

Aquí llega lo grande: los antidisturbios, enviados para “controlar a los violentos” se dedicaron básicamente a apalear a todo aquello que se movía y ello ha provocado nuevas protestas.

Los pelirrojos no tienen alma. No le dolerá mucho tener 90 kgs de policía encima. 

Y vaya si las ha habido. Resultado de las nuevas manifestaciones fue el envío de más antidisturbios para atajar de una vez por todas la insostenible situación de estos “gamberros”. Su método preferido ha variado desde empujar contra un coche en marcha a un par de muchachas acojonadas y abrazadas, o dando empujones a dos señoras de cierta edad (las señoras se vuelven muy violentas a veces), o a un chico con gafas que ni siquiera estaba protestando. Y nadie pega a un chico con gafas.

Ahora, además de suprimir los recortes contra la Educación, los estudiantes y numerosos ciudadanos piden la dimisión de la Delegada de Gobierno, Paula Sanchez de León, (algo que no hará) que aparte de hacerse la loca con el asunto lo ningunea y da la razón a los antidisturbios, aunque más tarde admitieran que se habían “excedido”.

Eso si, más tarde también admitieron que los que se excedieron habían sido los estudiantes, no la Policía. Hasta ahí podíamos llegar.

A esto debemos sumar las declaraciones del Jefe Superior de la Policía de Valencia, el cual trata de “enemigos” a los manifestantes. Tarde o temprano se les iba a ver el plumero. Un señor que por cierto, tiene cierta afinidad con grupos de corte neofascista. Paula Sanchez debe estar contenta, tiene a todo un experto en palizas al frente de su jauría de perros.

Apuestos, valientes y gallardos aguardan el momento del enfrentamiento contra los brutales adolescentes. 
Y quieren su huesito.

Las noticias de los salvajes apaleamiento por parte de los citados mandriles con casco se extiende por toda España y mas allá. Aparece en televisiones y prensa de este lado del globo (en el otro no están para tonterías) y critican la actuación de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Lo de “Seguridad” es porque te aseguran un buen bastonazo si te atraviesas en su pequeño campo de visión.

Continúan las manifestaciones y no sólo en Valencia. Ayer martes el resto de España ha mostrado su repulsa contra estos actos de violencia de distintas formas: manifestaciones a lo largo y ancho de la piel de toro, convocatorias frente a las sedes del PP, huelgas para el día 29 y un Twitter que arde bajo el hashtag #PrimaveraValenciana. Y aquí llegamos al núcleo de la cuestión:

Utilizar el concepto de “Primavera” haciendo referencia a la “Primavera Árabe” vivida el año pasado es un claro síntoma de que por fin la gente va siendo, poco a poco, más consciente de que no vivimos en un estado de Derecho, de que en éste país no existe una libertad real, que lo único real que hay en éste país se apellida Borbón y que muchas, muchas cosas tienen que cambiar. Y la primera es la conciencia popular. La conciencia de grupo. De que siendo “individuos” no seremos ricos ni famosos, como nos hacen creer desde los grandes medios de comunicación.

Porras contra libros. Gana la banca. 

No somos capaces de articular un movimiento aunado. No somos capaces de organizarnos como sociedad para conseguir aquello que exigimos. No somos capaces de ponernos de acuerdo y nos centramos en discusiones sobre quién nos estafa mas, y a quién votaremos para que al menos, ya que nos dan por culo, nos dé alguien de nuestro color político. Eso debe terminar.

Esos chicos han nacido todos en los 90 y empezaron a entender la política apenas hace unos años. Conocen la Hispanistán próspera del ladrillo y sueldazo, del albañil con un BMW y el ingeniero con un pasaporte rumbo a Escandinavia. Saben qué es Gran Hermano, pero pocos conocen la figura de Santiago Carrillo, de Adolfo Suarez, y pensarán que Fraga era “un señor muy viejo que andaba raro”.

Pero esos chavales han tenido más cojones que el caballo de Espartero y se han echado a las calles. Hoy Valencia se desperezaba un poco para apoyar a unos críos que afirman que sólo quieren estudiar sin que les molesten los pingüinos deslizando entre los pupitres. Que los habrá que se hayan unido al jolgorio sólo para no tener clases, vale: son chavales, les gusta la juerga. Todos hemos tenido esa edad. Pero que también los hay comprometidos con lo que está sucediendo y van a luchar por aquello que creen necesario. Así se forman buenos espíritus críticos. Espíritus críticos que votarán en las próximas generales y autonómicas.

La moda siempre vuelve.

Me gusta pensar que éste movimiento, en cuyo honor he bautizado la entrada, es una prolongación en el tiempo y en el espacio de las ideas que surgieron en España en Mayo del 2011. Dudo que el 15M tenga nada que ver en ésta ocasión, pero hemos visto algo clarísimo: el choque entre la libertad y la opresión. O mas bien, cómo la libertad se revuelve dentro del enorme saco de mierda que supone vivir bajo este tipo de sociedad que nos condena a ser números impresos en una tarjeta de plástico. Ocho números y una letra. Eso quieren que seamos. Pero tenemos que ser algo más. Necesitamos ser algo más.

Necesitamos una primavera, el despertar después de un largo y frío invierno pero no solo en Valencia, sino aquí en Andalucía por ejemplo, un despertar que nos sacudas a esas pulgas chupasangres políticas. O en Madrid, Villa y Corte de la Emperatriz Aguirre, o en Cataluña, o en Galicia, o allá donde la corrupción política posa sus garras. España necesita a su población activa y potente, saliendo a las calles a gritar que queremos una libertad REAL y no me refiero a dejar escapar al monarca, el cual puede irse a tomar viento fresco si quiere. Me refiero a poder decidir y poder elegir a unos gobernantes que se preocupen por la ciudadanía. Me refiero a exigir una sanidad y una educación pública y gratuíta. Me refiero a que dejen de financiarse aeropuertos vacíos, Fórmulas Uno y duquesas campechanas para darle a la sociedad lo que realmente le corresponde: la soberanía de su destino.

Ánimo valencianos. Vuestro ímpetu se está extendiendo por toda España, tal y como pasó con el 15M. Aprovechad la ocasión y haceos notar. La Red estará encantada de compartir vuestros vídeos, vuestras opiniones, vuestros blogs y vuestras ideas. Sed fuertes, y adelante.

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