Feliz día, andaluces.

Tal y como recoge el Estatuto de Autonomía de Andalucía:

“Artículo 1:

Andalucía, como nacionalidad histórica y en el ejercicio del derecho de autogobierno que reconoce la Constitución, se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la unidad de la nación española y conforme al artículo 2 de la Constitución”.

Nuestra bandera, blanca y verde, fue diseñada por Blas Infante en 1918, así como el lema, “Andalucía por sí, España y la Humanidad”, resaltando el carácter acogedor del pueblo del sur de España, desde Murcia hasta el Algarve. Un reino histórico que ya los almohades entendieron como estratégico y fuente de riqueza para toda la península.

 Y el himno. Un himno heredado de los cánticos de los segadores, de los jornaleros. Del propio pueblo. Como no podía ser de otra forma.

Vivimos en una tierra rica en recursos: tenemos minas, montañas, nieve, playas, ciudades, monumentos, industria, energías renovables, universidades, hospitales y un carácter único. Un carácter que puede ser mejor o peor, no lo discuto, pero es único y reconocible.

Unas hablas diferentes del castellano. Yo soy de los que cree que Andalucía a pesar de ser única está compuesta por dos grandes zonas, occidental y oriental, algo que es comprensible al estar hablando de una extensión de más de 87.000 m2 y una población cercana a los ocho millones y medio. Pero esa diferencia no nos divide, sino que nos une y nos complementa como una tierra única donde se habla de una forma en un lado, y de otra en otro. Aun así, cualquier persona en España es capaz de distinguir las hablas andaluzas, seas de Almería o de Huelva. Unas hablas más modernas que el propio castellano, evolucionadas y más simplificadas, siguiendo la tendencia natural de cualquier lengua, que busca la economía y la eficacia.

Somos tierra de paso y acogida desde hace milenios. Tierra de íberos, celtas y tartesos, de fenicios, griegos y romanos, con un pasado musulman que brillaba en ciencias, matemáticas, medicina, astronomía o agronomía, amén de maravillas para la Humanidad, como la Alhambra de Granada. Una historia cristiana que nos lega maravillas como la Catedral de Santa María de la Sede, la más grande de España y la tercera del mundo cristiano. Donde hay enterrados reyes y conquistadores. Donde todo el que llega no puede evitar abrir la boca sin emitir palabra.

Pero tenemos una lacra, una lacra inmensa. Hemos sido siempre y somos el patio de recreo de los señoritos que viven mas allá de Sierra Morena. Una lacra política, donde ningunean nuestra historia, ridiculizan nuestra lengua, nos llaman “paletos” y “subdesarrollados” sin haber pisado los campos de Jaen o las playas de Cádiz. Gente que jamás sintió la calidez de nuestra tierra, la tranquilidad de nuestras playas, el olor de los campos recién segados. Gente que jamás se molestó si quiera en preguntar si era cierto aquello que le contaron, donde prefieren asimilar mentiras a descubrir una dolorosa verdad.

Y la verdad no es otra que si en alguna religión habla de paraíso, debe ser este. Y para quien no lo crea, sólo tiene que venir a verlo.

Aquí estaremos para recibirles. Porque otra cosa no, pero si alguna tierra lo ha dado todo por la Humanidad, es esta.

Ahora no nos queda más que luchar. Luchar contra aquellos que quieren arrebatarle la alegría a estas tierras, a los que quieren convertirnos en los siervos que una vez fuimos, quieren que volvamos a ser SU Feria, SUS playas, SUS sierras, SU alacena de quesos y SU bodega. Y yo ya estoy HARTO.

Estoy HARTO porque los andaluces no somos conscientes del poder que tenemos, del peso que conformamos en el conjunto de España. Es hora de hacer ruido, andaluces. El mismo ruido que los catalanes, por ejemplo, los cuales han conseguido mucho mas simplemente por permanecer unidos frente a un Estado que nos detesta para unas cosas, pero a los que se les llena la boca para otras. Especialmente para comer y beber.

Hoy es el día para recordar que vivimos en un lugar privilegiado, que un día hace mucho tiempo hubo gente convencida de que esta era una gran nación y que el futuro hablaría andaluz, que nuestro destino es convertirnos en un pueblo unido y colaborador, capaz de conseguir aquello que quisiese. Unidos bajo unos colores, un himno, un escudo y un carácter especial, desde Ayamonte al Cabo de Gata, desde Belalcázar a Tarifa. Todos nuestros pueblos y ciudades nos unen como un único lugar especial, del cual debemos sentirnos orgullosos. Y no sólo hoy, 28 de Febrero, sino todos los días de nuestra vida.

Feliz día Andaluces.

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