No dejes de caminar.

No suelo escribir en exceso sobre mi vida personal y menos sobre recuerdos pasados, pero a veces uno debe hacer un poco de cura de humildad y recordarse a sí mismo lo que se puede ser, lo que se puede llegar a ser y lo que realmente uno quiere ser.

Estos días hace cuatro años que empecé a trabajar con una empresa de ocio nocturno, y en honor  a la verdad debo decir que era una de las mejores y más grandes de España. Comenzábamos con un proyecto nuevo, un local distinto, reformado, a estrenar, con un público que ya quisieran para sí otros grandes lugares. Un local que había habido que rescatar ante la degradación visible tanto del lugar como del personal. Y se hizo por todo lo alto.

Recuerdo los nervios que sentí el primer día de pre-inauguración con todas las personalidades más públicas de Barcelona, la sorpresa al encontrar una cola de espera gigantesca que bordeaba el edificio, las caras de sorpresa de la gente que había conocido el local anterior, la tecnología que derrochaba el lugar, todos los empleados vestidos “de Armani”…

Durante bastante tiempo, los que teníamos el placer de trabajar en ese sitio eramos poco menos que reyes cuando nos reconocían en otros locales de la ciudad (te invitaban a copas sin pedirlas, tenías acceso libre, sin esperas, sin colas…), a mí personalmente se me abrieron más puertas de las que podía siquiera pensar: un día me encontré a mi mismo invitado a una fiesta en casa de un importantísimo empresario catalán, con tanta mano en el Ayuntamiento que asustaba saber cuánto podía hacer por y contra tí. Los invitados eran en general personalidades de primer rango. Conocer a gente tan interesante te hacía sentir uno de ellos. En realidad eran todo ilusiones, un mundo artificial construido en tu mente. Yo no dejaba de ser un camarero simpático de la zona VIP de la discoteca de moda de la ciudad.

Ese verano recuerdo que conocí a tantísima gente que pasaron meses hasta que pude recordar todos los nombres. Incluso fue cuando me hice ya, casi obligado, un perfil en Facebook que me ayudara bastante en ese sentido. Pero las horas corren, amanece y se termina la noche…

Pasa el tiempo, se hace de día y empiezas a ver el espectáculo con otros ojos. Empiezas a analizar pros y contras de ese tipo de vida, sumado a que la gran ciudad estaba comenzando a asfixiarme personal y económicamente. En aquél maravilloso trabajo la situación comenzó a cambiar: en realidad, yo estaba pasando “de moda” y ya daba igual que yo estuviera o que no, siempre habría alguien más nuevo y mejor para sustituírme. Entonces fue cuando comencé a hacerme preguntas. Además, como en casi todos los trabajos, siempre aparece alguien por encima que está dispuesto a convertir tu paraíso en un infierno y no solo en éste trabajo: por aquél entonces llegué a tener hasta tres empleos simultaneos, aunque alguno de esos trabajos si me dio pena dejarlo.

Pero como no todo en esta vida es trabajo ni arrastrarse por cuatro duros, (ni aunque hubieran sido cuarenta) decidí que con todos los factores que tenía hasta ese momento me arrastraban hacia una posible salida: había que volver a casa, al hogar. En ese momento pensé que era una derrota, que había perdido, que no había logrado sobrevivir por mi cuenta.

El vuelo de vuelta fue un auténtico bálsamo. Recuerdo que venía con el corazón en un puño pensando que era un cobarde, que debería haberle echado más huevos al asunto y haberme quedado hasta las últimas consecuencias, pero cedí antes. Venía castigándome a mi mismo por no haber sido capaz de haberme hecho una vida yo solo. Pensaba que dejaba atrás gente que no quería abandonar, gente con la que quería compartir más momentos de mi vida, gente de diferentes trabajos, gente que conoces por otras circunstancias…en definitiva, personas que hacen que cualquier camino que elijas cobre sentido. Pero había que dejarlo todo atrás, otra vez.

Y bien que hice.

Un año y unos meses después ya solo me quedan anécdotas para contar y con menos personas que dedos tiene una mano para recordar y reír por aquellos tiempos en los que eramos verdaderos reyes.

Pero de todo hay que aprender. Volví con una mano delante y otra detrás, un gato, una cuenta vacía y la moral por los suelos. Ha pasado este tiempo y te das cuenta de la auténtica realidad: no importan en absoluto todas estas fiestas, no importa ni lo más mínimo haberte codeado con lo mejor de lo mejor de la vida nocturna y eroticofestiva de una ciudad como Barcelona. Ni siquiera importa ya cuánto has cobrado o cómo te consideran tus superiores dentro de la empresa.

No sabéis cuánto puedo llegar alegrarme de haber conocido todo este mundillo y haber sentido aunque fuera por un momento que yo era el centro sobre el que giraban el resto de estrellas: de no haber sido por eso y de no haberlo vivido con esa edad ahora podría ser un monstruo egocéntrico con ansias de popularidad que se recorre las fiestas como un fantasma de lo que fue, alardeando de lo que no tiene y viviendo por encima de sus posibilidades. Y también ayuda conocer a gente que son exactamente el tipo de persona en el que yo podía haberme convertido de no haber enderezado el camino: ya sabéis, esa gente que va de fiesta en fiesta sin otro objetivo en la vida, sin ningún tema de conversación mas allá de lo que ayer le contaron o el otro día se enteró, gastando un dinero que no tiene (porque se gasta el de los demás, claro) y creyendo que allá donde vaya, todo estará a su disposición, a sus pies, a su orden y al momento.

Hoy día trabajo en algo con menos “glamour”, cobro bastante menos y no tiene nada que ver con lo hecho hasta ahora, pero me encanta. Estoy tan sumamente contento de este proceso de aprendizaje y tan orgulloso de haber sido capaz de rectificar a tiempo que aprovechando el cuarto aniversario del comienzo de todo, me veía con ganas de plasmarlo aquí. Que conste que no me arrepiento de nada, aunque quizás si pudiera borraría un par de detalles de toda esta historia.

Qué razón tienen esas personas que te recuerdan que cuando miras atrás vas conectando unos hechos con otros, unos resultados con otros y unas experiencias con otras y son todas esas conexiones las que te convierten en lo que eres en este momento, seas como seas, bueno, malo o regular. Y en realidad no son esas conexiones las que te convierten en algo, sino cómo las “gestiones” en éste momento y sentir que realmente no has perdido el tiempo, sino que lo has distribuido de otra forma.

Con ésta entrada me gustaría conseguir dos objetivos: dejar de aburrir a la gente cuando la cuento y por otro lado, echarle una mano a esas personas que a veces piensan que su vida no tiene sentido, que se aburren de si mismos o de su situación, que no saben hacia donde salir corriendo, en el caso de tener que hacerlo. Mi vida no es un manual de instrucciones, faltaría mas, pero sabed que cada paso que dais va hacia algún sitio.

Lo importante es no dejar de caminar. 

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