La mediocridad de un "Puesyocreoque".

No, no es una palabra armenia que define el arado transversal de un campo de remolachas. Ni siquiera es el nombre de una tribu de “Juego de Tronos”. Un “Puesyocreoque” toma muchas formas y personalidades, y lo hace con tal maestría que es capaz de camuflarse en un profesor, en un alumno, en un ministro, en un camarero de bar o en una bailarina de striptease.

Si, tened miedo, pues están por todas partes. Pero en realidad…¿qué son?

Un “puesyocreoque” no es ni más ni menos que aquella personita que aguarda (o no) en silencio (o no) para aportar su opinión personal durante una conversación de cuyo tema seguramente tendrá poca o ninguna idea. Cuando digo “no tener ni idea” me refiero a como cuando yo oigo hablar de fútbol o física cuántica: otro idioma distinto del que no comprendo ni una de las palabras que se dicen, y en el cual no tengo nada que decir. No hay por qué saber de todo en esta vida.

El problema comienza a vislumbrarse cuando esas personas intervienen en las conversaciones propias y ajenas con un “pues yo creo que…” dotándoles de un nombre que les viene como anillo al dedo.

Escudados en una falsa libertad de expresión, la misma en la que se escudan neonazis o contertulios de “Sálvame Deluxe” para hablar de sus ideas a pesar de que contravengan el sentido común, se ven en la necesidad de aportar gigantescas mierdas parrafadas con tal de defender sus pensamientos, a pesar de que su conocimiento sobre un asunto sea escaso o no tengan ninguna. Por que todos sabemos que basta con oír una conversación activa y participar en ella para formarte una idea y opinar, ¿verdad?

No sé si se lo leí a Arturo Perez Reverte en una de estas soflamas que a mi me encantan, donde decía algo parecido a lo siguiente:

“¿Que tú crees qué? Tu no crees nada. No tienes ni idea.”

Y no puedo estar más de acuerdo, damas y caballeros. Y que conste que soy un férreo defensor de la libertad de expresión…pero cuando toca expresarse.

A estas personas también se les llama “metomentodo”, “cotillas”, “correveydiles”, “marujas”, “mariliendres” y un rosario de sinónimos para definir lo mismo: gente mediocre revelando su ansia protagonista, haciéndolo saber a través de expresar una opinión que en nada se fundamente al desconocer el asunto a debatir. Ni siquiera en determinados asuntos deben participar.

Por ejemplo: tres personas debatiendo. Las tres personas tienen unos conocimientos suficientes (porque no hace falta ser doctores en un tema para conversar con él; se quedaría la población muda) como para hablar de un tema, a saber: los sapos de pecho colorado del río Boado, en el norte de Brasil. Debaten animadamente partiendo de ciertos axiomas sobre dichos animalitos, que los tres conocen y que son prácticamente irrefutables; sencillamente son verdad, como que “tienen el pecho colorado”. Nadie lo pone en duda, ni siquiera los doctos en la materia. Supongamos uno de los axiomas es que todos los animalitos de esa especie viven en Brasil.

Y entonces aparece el cuarto jinete del Apocalipsis y añade su sentencia:

“Pues yo creo que en el parque de mi barrio hay una. Que si, que si, que estaba yo por allí con unos amigotes dando una vuelta y creo que la vi porque tenia el pecho rojo. Vamos, que luego busqué una foto en Google y la vi, y le pregunté a mi tío que trabaja en una tienda de animales y cuando conseguí despertarle del coma etílico me dijo que si, que seguramente”.

Nota: Exageración dramática.

Nota2: Bueno, no tanto. 



Y ya está. Y se acabó. Esa persona ha soltado toda la mierda que llevaba dentro, ha volcado su veneno en el ambiente pero claro, como “somos libres para opinar”… ahí llevas el recado, con dos cojones, sí señor.

A estas personas no se les puede rebatir, ni mucho menos pedirle sutilmente que abandone un entierro en el que nadie le ha dado vela, incluso a sabiendas que desconoce bastante del tema. Incluso aunque tuviera “un poquito” de idea, es inútil. Como lo hagas, te llamarán cosas como “sobrado”, “sabelotodo”, “creído” o sencillamente te recriminarán que no eres nadie para decirles a ellos sobre qué opinar o qué no, porque son libres de decir lo que quieran. Volvemos al trigo, burra. Una apreciación:

La libertad de expresión NO ES LO MISMO que la libertad de pensamiento

¿Quién lo dice? En España, la Constitución Española. Que será lo que queráis, pero ahí está.

¿Existe algún problema en no conocer algún tema? En absoluto. No podemos saber de todo, como decía antes, aparte de que no a todos nos gusta lo mismo. El problema es que intentes intervenir en una situación donde seguramente lo único que aportarás será un poco de tu tufillo intelectualoide que a nadie le interesa.

 Porque tu puedes conocer muchas cosas y si las sabes a ciencia cierta hablar sobre ellas. Incluso si tienes buena base sobre algún tema pero te falta mucha información, deberías poder participar y escuchar al mismo tiempo que aprendes, desde la más sincera humildad. Y más aun, si crees que realmente las sabes porque, por los motivos que sea, eres capaz de debatir sobre ella teniendo una buena base argumental y determinados conocimientos, aunque tu argumentación esté equivocada, también.
Ese es el otro problema en el que se ahogan estas personas: la mediocridad. El querer saber mucho de todo, pero en poca profundidad, simplemente por darse el gustazo de convertirse en un “puesyocreoque” con todas las de la ley para poder intervenir allá donde haya un animoso parloteo, sea la tasca del pueblo o una Conferencia de Neurología de la Universidad de Boston.

La mediocridad realmente es lo que vengo a criticar aquí, y no exactamente la mediocridad, sino las personas que se contentan con ella para realmente llegar a verse inmiscuidos en los asuntos del resto de la sociedad. Sinceramente, que una persona intervenga en una situación aportando sus ideas adquiridas en algún programa de reportajes de televisión me repugna. ¿Por qué? Porque sus argumentos destruirán la calidad de la conversación sostenida hasta ahora. Por que ese estilo de vida propugna el hacerlo todo sin terminar nada, algo válido depende de las circunstancias, pero nunca vanagloriarte por ello.

¿Y por qué puedo opinar yo de gente mediocre y sus “yocreoques” que de poco o nada sirven?

Fácil: porque me he encontrado con muchos. Un año mas y me dan el doctorado.

Por eso, cuando veáis a un mediocre, matadlo ignoradle. Es por el bien de la sociedad 🙂

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