Mes: agosto 2012

Un otoño caliente.

Cuando se contemplan una serie de sucesos “desde arriba”, de una forma más global evitando distraerse en los pequeños puntos, es cuando te das cuenta que en realidad todo está conectado y que cada uno de nosotros forma parte de ese todo. Cada una de las personas que vayáis a leer esto, así como yo mismo que lo estoy escribiendo, además de muchos otros que lo pensarán y espero que otros tantos que lo pongan en práctica, todos estamos completamente en la misma sintonía.

Los sucesos y hechos políticos que estamos viendo venir lo dejan claro: este otoño puede ser decisivo en la Historia de España como el otoño en el que el pueblo gritó:

“Hasta aquí hemos llegado”

….o bien, el otoño en el que susurramos:

“Por favor, no tan fuerte. Usa vaselina”.

Me explico:

Agosto está terminando. Agosto, ese mes que nos apollarda a todos con sus olas de calor, sus canciones de Pitbull, sus tetas televisivas, sus noticias absurdas para entretener a las señoras mayores y un Parlamento más vacío de lo normal. Agosto nos deja con unas cifra de paro más altas que nunca, una subida del IVA que no hay Dios que la asuma y un rescate a la vuelta de la esquina. Mirando noticias aquí y allá, es cuando empieza lo divertido:

1. Regularizaciones masivas y grandes despidos en alguna de las grandes empresas españolas (El Corte Inglés)

2. Aumento de los despidos en el sector público.

3. Nos dicen que “no hay dinero”, pero si que lo hay…para los toros, para la banca, para diputados “en ruina“, armas o clubes de fútbol.

4. Censura contundente a FACUA por criticar al Gobierno. ¿A cuál? Pues al de España, claro.

5. Se destapan más negocios ilegales de Urdangarín I el Torpe. En cambio, si te llamas Gordillo, consideras que las leyes no son justas y te enfrentas a ella de manera pacífica, eres un terrorista.

6. Las eléctricas cada vez aprietan más y más las tuercas.

7. Nos crean un “banco malo”, como si los otros fueran “buenos”. Aquí una explicación para que entendamos cómo funcionan.

8. Se adelantan las elecciones en Euskadi y Galicia. Fantástico para desviar la atención por si “pasa algo”.

9. Finalizando, encontramos al Ministro de HEDUKASION, el Sr. Wert, diciendo que lo mejor es poner educación “por sexos“. Miles de franquistas aprueban esta decisión.

10. Y para terminar de inflaros las pelotas, enterarte de que en España puedes tener pensiones como ésta o como éstas y cagarte en todo lo cagable.

En definitiva, cómo decía antes, este mes va a ser bastante decisivo en cuanto a lo político se refiere. Sólo he puesto en relieve estos ocho puntos pero como podréis imaginar, no quiero largar tanta bilis en un tiempo tan corto, que después se me repite.

¿Ante esto? Rebelión. Tenemos derecho como seres humanos cuando consideramos que las leyes nos son injustas o cuando los gobernantes le dan la espalda al Pueblo que les votó. Hoy día en España, un país que se suponía “del siglo XXI” sigue aplicando censura, recorte contra los débiles, desamparándolos y dejándolos a su suerte, destruyendo por completo un Estado de Bienestar único en Europa (eramos un grano molesto), creando una sociedad individualista y un “sálvese quién pueda” generalizado. Nos estamos hundiendo lentamente en la pobreza más absoluta en favor de los que ya tenían mucho, que ahora tendrán más.

No perdamos oportunidad: salgamos a la calle siempre que podamos, recordemos que es nuestra, tomemos las redes sociales y concienciemos a la ciudadanía de que lo que hace falta es ponerse en pie y decir basta, votar en consecuencia y conseguir cambios. Esta es la opción buena: la opción mala mejor que no la conozcan. O quizás si.

Nos espera un otoño muy caliente en lo político, un invierno traumático tras las reformas tomadas durante este año y una primavera que cuanto menos, espero que sea la de nuestra revolución. Por nuestro bien, digo.

Alcanzando el límite

Cuesta asumirlo, pero a veces aún siendo conscientes de que estamos haciendo algo “malo” o simplemente “poco bueno” principalmente para nosotros mismos, continuamos con dichas acciones una y otra vez a pesar de las consecuencias futuras. Repetimos algo que sabemos que nos afectará negativamente en un futuro. La pregunta es: ¿Por qué?

Esta es mi respuesta: porque después de realizar dichas acciones (que cada cual conoce las suyas) nos sobrevienen los remordimientos y el malestar y para neutralizarlo casi siempre buscamos algo o a alguien que nos recompense rápidamente para compensar (valga la cacofonía) estos malos sentimientos, volvemos a sentirnos bien, y sintiéndonos seguros realizamos de nuevo la “mala” acción en busca de aquella recompensa. Y entramos en un bucle de acción-malestar-recompensa-acción del cual es muy, pero que muy complicado salir y que nos genera una sensación muy incómoda, o al menos en mi caso es así: una sensación de esclavitud, de estupidez. De torpeza.

Pero he encontrado una solución, aunque un tanto drástica, para este problema: alcanzar los límites.

(Y no, no es saltar por un precipicio)

Recuerdo que un amigo me contaba que su padre le pilló fumando una vez cuando era más pequeño, con catorce o quince años: su padre le hizo fumarse una cajetilla de tabaco de una sentada llevando hasta el extremo algo tan “inocente” como que el niño pruebe el tabaco. Mi amigo nunca ha tenido ni la intención de probarlo y agradece a su padre ese gesto. Obviando el hecho de si intoxicar a un niño de esa manera está bien o mal, el punto está en llegar a saturarse de algo para no volver a repetirlo.

Llegamos al núcleo de la cuestión y poniendo un ejemplo: hace poco me encontré al borde de ese límite mientras me tomaba una copa en la calle, a las tantas de la noche. Me vi fuera de lugar, rodeado de gente que no me importa y a la que no le importo, haciendo completamente el ridículo en según qué conversaciones o situaciones y finalmente, apartado de un grupo por no ser un igual o no ser considerado como tal. Llegué a sentirme completamente solo cuando no tengo necesidad.

Entonces no era el borde del límite como yo pensaba: era el límite en si, lo había alcanzado. La situación había variado tanto como para pasar de sentirme a gusto a no volver a querer repetir la experiencia.

Y hasta ahí se puede llegar. No necesito terminar en la UCI por una borrachera ni mucho menos, que va. Es más, que el problema no está en el alcohol (que podría haberlo sido) sino en la situación que se genera por sí misma. Sencillamente me he saturado de algo igual que mi amigo en su día del tabaco, que hizo que lo rechazara de por vida salvándose así de un grave problema en el futuro. Eso si, en mi caso ha sido de forma natural, sin querer llegar al límite me he visto delante. Pero ahora viene lo interesante.

Salvarse. Ese es el plan. Quitar de mi lado todo lo que no necesito, tanto material como personal y alejarme de los límites otra vez hasta que vuelva a sentirme cómodo, aunque eso suponga sacrificar algunas “amistades”(porque tanto no lo serán), lugares y situaciones rompiendo así ese ciclo que antes mencionaba y que impide encontrarse bien con uno mismo.

Y me consta que se puede, y voy a por ello. Más de una persona me dice que reflexionar acerca de estas cosas es un síntoma indudable de madurez y de inteligencia aunque parezca exactamente lo contrario. Detectar y ser consciente de un problema nos hace a su vez parte de la solución.

PD: Cada persona tiene sus situaciones personales y tiene sus límites, que pueden coincidir aunque también pueden variar notablemente. Recordad que cuando se llega a estas situaciones, aunque no sean dramáticas por decirlo de algún modo, tiene sus consecuencias a diferentes niveles. Sed responsables con vuestras vidas, que sólo hay una.

Descubriendo Pinterest

Me ha costado un poco más que cuando Twitter, pero lo he conseguido y eso que ésta última tampoco le doy mucha caña.

Después de hacerme una cuenta y explorar un poco, la curiosidad ya era demasiada y me puse a explorar metódicamente la red social Pinterest. Por si todavía no la conocéis, es una red social que se basa en subir, clasificar y compartir contenido (normalmente imágenes) de cualquier tipo, mediante el cual vas conociendo gente, repineando (retweeteando, lo mismo es) lo que te gusta para guardarlo en tus tablones donde nuevamente puedes clasificarlo y otros lo verán para volver a compartirlo, y así sucesivamente.

Al principio no le ves sentido: ¿para qué voy a compartir cosas si no tengo contactos aquí que puedan verlo? Pero luego te das cuenta de que vas haciendo los contactos a medida que compartes cosas y al igual que tú, otras personas van compartiendo lo que tú tienes porque les gusta. Y si les gusta tu tablero pueden hacer un “follow” confiando en que lo que subas ahí, les gustará también.

A simple vista hay un contenido principal: comida, comida, COMIDA!. Pinterest es para gourmets, como he leído por ahí. Gourmet es la palabra fina para decir “zampabollos” y me encanta. Pero luego hay todo tipo de temas e intereses que pueden gustaros: en mi caso tengo cuatro tablones:

-Do the Paradise: para lugares donde me gustaría vivir o estar.
-Things that I love: cosillas pequeñas sin relación entre si, pero que me gustan todas por algún motivo.
-Sevilla
-Food is a sin: puestos a hincharse de ver comida, veámosla con gracia.

Aunque al principio parece tedioso, después vas echando las horas muertas ahí viendo imágenes de cosas más o menos interesantes que te vas guardando para Dios sabe qué, pero que te gustan. Es como una especie de Síndrome de Diógenes pero que al compartirlo en red social, no lo parece tanto. Me recuerda mucho a cuando antiguamente ibas recortando cosas de las revistas que pillabas por ahí (coches, viajes, deportes, decoración, cocina) y las guardabas a modo de colección. Pues funciona igual.

No soy muy de incitar a estas cosas, pero os recomiendo al menos que le echéis un ojo con calma y con ganas. Os recomiendo empezar por la sección “populares” para enterarse un poco de la tendencia a la hora de compartir y de los intereses de la gente en general, que suelen coincidir con los propios.

Y si queréis agregarme, preguntadme en comentarios!

La educación prohibida.

Aunque tenga nombre de película de Almodovar no es así: el siguiente documental que estáis obligados a ver, por el bien de nuestro futuro y por el de nuestros hijos explica un concepto que he ido descubriendo sobre todo a lo largo de este año acerca de la educación.

El documental cuestiona, a través de la historia de dos estudiantes que redactan una polémica carta sobre la escuela, si nuestra idea de educación clásica, obligatoria, pública y universal sigue siendo válida tras algo más de un siglo vigente.

Por mi parte, volver a estudiar tras pasar por dos facultades distintas y entrar en un FP superior donde la mayoría de mis compañeros son más jóvenes que yo fue donde noté el fallo, por ejemplo con los exámenes: estos únicamente sirven para saber si sabes hacer ESOS exámenes, pero en absoluto evalúan tu capacidad para desenvolverte en diferentes escenarios. Un examen “estándar” no revela si ese día tenía 40º de fiebre o si sabría resolver problemas con agilidad, ni conoce conceptos como “discreción” o “seguridad en ti mismo”. Para mi un examen no deja de ser una herramienta del profesor para automatizar su trabajo (ya que no dispone de tanto tiempo) y clasificar al alumnado de cara al futuro laboral. Exámenes cuyo contenido sueles olvidar en apenas unos días.

Otra cuestión es porqué sólo se enseña a los alumnos qué deben pensar, pero jamás cómo deben pensar.

Casi al principio del documental lanza una pregunta: ¿Por qué todos tenemos que aprender lo mismo?

Os lo recomiendo totalmente y no os preocupéis por su duración, se hace muy ameno.

Carta a través del tiempo.

Siempre que se acerca el 20 de Agosto los recuerdos se agolpan a las puertas de mi memoria para dejarte paso a ti nada mas. Hoy se cumplen diez años desde que fallaste a nuestra cita, aunque creo que podré perdonarte.

Recuerdo esa calurosa mañana de verano mientras me vestía, pues habíamos quedado a mediodía para comer juntos. No era muy tarde, serían las once o las doce, más o menos. Recuerdo la llamada de teléfono. Alguien había llamado a tu puerta y no abriste. Llamaron más veces y no hubo respuesta. Todo había terminado. Cogí un autobús y salí corriendo hasta tu casa, aunque atravesar el centro de la ciudad con casi 40º a las espaldas y llorando no es que fuera muy fácil. No pasa nada, no iba a fallarte esa última vez.

Se agolpan esos recuerdos, me asaltan con mucha fuerza. Recuerdo, por ejemplo, el olor a rosas de tu armario en el que cotilleaba a ver que “tesoros” encontraba. Y aunque el más preciado de esos tesoros estuviera sentado en la salita viendo la novela, guardo con muchísimo cariño todas aquellas cosas que un día me dijiste que me llevara, que no importaban ya, que eran muy antiguas. Hoy, abrir esa caja donde las tengo guardadas es saltar diez años atrás sin que sea necesario cerrar los ojos, ya que conservan el olor de donde estuvieron guardadas tantísimo tiempo. Encima de tu armario también había un sable de gala del tatarabuelo, escondido hasta que me asomé. Retales de una historia que no viví pero que sin embargo llevo dentro.

Recuerdo las coplillas que nos cantabas, esas cancioncillas cortas y alegres, pícaras y a la vez inocentes que nos cantabas a tus hijos, nietos y bisnietos para entretenernos y hacernos reír. Canciones de una época que ya quedó diluída en el tiempo. Las de García Lorca, ¿te acuerdas?

También me acuerdo de cuando te venías a la Feria con nosotros y bailabas con el mantón de seda filipina como una auténtica bailaora profesional. Recuerdo el olor de la comida en las cenas de Navidad, donde nunca faltó de nada. O tu pasión por los dulces. O tu pequeño monedero de piel donde había seis monedas de veinte duros el día en el que te fuiste. Nunca te llevaste muy bien con los nuevos euros, ¿verdad?

Recuerdo esos ojillos azules que miraban y reían siempre, con esa firmeza y sinceridad que sólo otorga el tiempo. El olor a Gotas de Oro del baño, la sarten gruesa para las tortillas que nadie jamás pudo igualar, la Singer que había en una esquina abandonada, la sillita de esparto del balcón donde veíamos pasar las procesiones. Y los claveles blancos del Lunes Santo.

Son muchos los recuerdos así como en su día fueron muchas las lágrimas. Para un niño de quince años no es fácil entender que el pilar de su familia sencillamente se había cansado de vivir porque ya había vivido todo lo que tenía que vivir. Naciste bajo el reinado de Alfonso XIII mientras se hundía el Titanic y tu adolescencia la pasaste entre banderas republicanas. Sobrevino una guerra y sus desgracias, y viste como Europa se hundía en la miseria poco después. Moría el Caudillo cuando tenías poco más de 60 años y viste como nacía una nueva España de color democrático, o eso pensamos. Cuánto me alegra de que no estés viviendo esta época, porque te no te hubiera gustado ver como la pesadumbre y la tristeza se apodera de la gente cada vez más y más. Y si hay algo que no recuerdo es verte triste a ti.

Te besé en la frente antes de marcharme con un nudo en la garganta y un pellizquito bajo el pecho que aún hoy me aprieta.

Este 29 de Diciembre nos volveremos a ver en mis recuerdos, cuando cumplas cien años. Porque no hay persona más viva que aquella que vive en los recuerdos de los demás, y tú no solo vives en mis recuerdos, sino también en mi corazón.

Te quiero, bisa.