Mes: octubre 2012

Mierdacas varias.

Hoy no tengo ganas de escribir sobre política. La verdad, es que no me apetece volver a escribir sobre política nunca más, porque a la vista queda que a nadie tiene porqué importarle mi opinión. Esto se expande a otros temas: no soy un experto en nada y hay mil expertos en todo. Y como ya sabéis, las opiniones son como los culos: algunas firmes, otras flácidas, pero todas con un agujero en medio.

Hoy es un día de esos en los que confluyen muchísimos factores con un único objetivo: hincharme los cojones hasta que se ponen enormes y azules, como los balones de Nivea. A saber:

Por un lado, gente que pide cosas, favores, sin hacer el amago siquiera de dar nada a cambio (egoísmo, qué tal te va) o de ofrecerse cuando lo necesites. Ni siquiera un “gracias”. En algunas personas es evidente que están esas intenciones, con lo cual no hace falta el ofrecimiento. En cambio si te niegas o pasas del tema, “eres un puto egoísta que sólo piensas en ti mismo”. Yo podré ser lo que queráis, pero al menos un gracias siempre cae por mi parte. Y bien que me lo trabajo.

Por otro, gente MUY pesada. A ver, sé leer y suelo recordar cosas importantes que me suceden y cuando me suceden. Recuerdo mis obligaciones, no os preocupéis. No necesito saberlo cada veinte minutos.

El más importante: la mierda de sistema educativo que tenemos, que crea estudiantes-mierda que estudian temarios-mierda para acceder a trabajos-mierda, pudiendo habernos quedado simplemente en “estudiantes que buscan una formación para acceder rápidamente al mercado laboral”. Al menos si hablamos de la FP superior, no que tenga que ir a clase para dar asignaturas (espera, ¿cómo las llaman?) transversales que a nadie importan y que se dedican a adoctrinar, con profesores con un nulo interés con lo que enseñan ya que a su vez, no imparten la materia para la que se formaron.

Esto va bien.

Aprovecho también para soltar mierda acerca de:

1. Las personas que NO SE PONEN a la derecha cuando van en las escaleras del metro. Si quieres exhibirte ve a Mujeres y Hombres y Viceversa, zorra.

2. Esos cabronazos que aparcan en doble fila para ir “un momentito al McDonalds” o “estaba en el dentista recogiendo a los niños”, reduciendo la calzada de 4 a dos carriles y a la vez, aumentando mi pulso cojonil de 0 a 100 en 4 segundos. Ver una avenida gigantesca (para los sevillanos: República Argentina) con 20 o 30 coches con las lucecitas naranja encendidas obligándote a cambiar de carril una y otra vez porque el bus necesita espacio, solo me inspira una cosa: “Mi nombre es Toni, y esto es JackAss” mientras sujeto una barra de acero y voy con medio cuerpo sacado por la ventanilla del copiloto.

3. Que el Metro de Sevilla te obligue a recargar un mínimo de DIEZ EURAZOS las tarjetas. Hasta hace unos días podías recargar al menos cinco.

4. Que algunas personas se acuerden de ti sólo cuando están de fiesta. Arrieros somos.

5. La gente que no se da cuenta de que está envejeciendo y además pretende hacerte creer lo contrario, y si replicas es porque supuestamente tengo “henbidia”. Esos músculos no siempre estarán duros ni esas tetas tan arriba, asúmelo.

6. La gente que me trata como si fuera tonto, como si fuera un crío o ambas cosas al mismo tiempo.

Y con esto es suficiente por hoy.

¿Entendéis ahora porqué escribo tantos posts relajados, acerca de la calma, la paz y la tranquilidad?

Porque la procesión va por dentro, que si no…

PD: Yo no es que sea el adalid de la perfección, pero cojones, intento mejorar!

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No hay dinero.

A veces escucho a más de una persona afirmar con rotundidad que una de las consecuencias más patentes de la crisis es “que no hay dinero”. ¿No hay dinero? ¿Seguro?

Seré breve: MENTIRA. 

Hace poco más de un año se reunían los principales dirigentes de los partidos políticos españoles,  a la sazón Jose Luís Rguez. Zapatero y el que hoy día es Presidente obra y gracia del Señor, Mariano Rajoy Brey. Entre los dos sujetaron la daga que hoy nos desangra:

Constitución Española
Artículo 153.3:

“El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por Ley para emitir deuda pública o contraer crédito.
Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.”

Esto sólo quiere decir una cosa: el dinero recaudado de los impuestos que antes iba destinado a gasto público (sanidad, educación, becas, ayudas, subsidios, pensiones…) ahora va derechito a pagar una deuda contraída principalmente por las grandes empresas y bancos. ¿En serio pensábais que cuarenta millones de españoles pagáramos impuestos y no hubiera dinero “para nada”? Por eso nos repiten una y otra vez que “no hay dinero”. Claro que lo hay, solo que va al lugar equivocado. No os quepa duda: con el dinero de nuestros impuestos estamos pagando una deuda contraída por gente cuyas caras no veréis jamás, y en beneficio propio.

Cuando oiis a esos chavales en la calle gritando “Esta no es nuestra deuda” no es porque se les antoje, es porque han entendido que los dos grandes partidos políticos sólo han conseguido llegar a un acuerdo para sentenciar el futuro de los españoles.

¿Tiene solución esto? Por supuesto que la tiene. En las próximas elecciones, a pesar de que la imagen y la intención de voto de ambos partidos ya está por los suelos, votad a quien queráis, pero evitad a estos dos grandes partidos. Olvidad la vieja idea (fomentada de hecho, por estos tunantes) de que votar a los partidos pequeños es un voto perdido. Tienen razón en realidad: es un voto perdido, pero para ellos. Para nosotros es un voto mas a la pluralidad política en el Parlamento para que en lugar de ponerse de acuerdo dos partidos, tengan que ponerse de acuerdo seis o siete y sea casi imposible volver a hacer estas tropelías.

De todas formas, dejad las maletas hechas por si acaso…

Telecinco y el 25S

No soy muy de ver la televisión y mucho menos asomarme a ver qué se cuece en Telecirco Telecinco Telecirco, pero hoy era uno de esos días en los que te sientes místico, empiezas a divagar y de pronto, algo capta tu atención:

Ruego disculpen la calidad de las imágenes, estaba fotografiando la televisión así, a pelo. Antes de empezar, añado que podéis ver el programa completo en la web de la cadena si tenéis suficiente estómago.

Este programa se llama “De buena ley”. Su funcionamiento es sencillo: emulando al programa que presentaba Ana Rosa Quintana en los noventa, los participantes suelen presentar una queja ante un “juez” que, después de escuchar al denunciante, al denunciado y a una serie de tertulianos, toma una decisión y dicta sentencia. No creo que haga falta decir que lo más auténtico de este programa quizás sea la cara de horror de la Etxebarría, pero por si acaso os lo recuerdo: todos son actores y está todo programado.

Obviando este detalle os comento el programa de ayer: el típico joven, moderno y alegre ciudadano español acude al programa para denunciar a su amigo, antisistema, perroflauta e hijo de Satán por haberle llevado a la manifestación de Madrid durante el 25S, donde dice que recibió un porrazo por parte de una UIP que le dejó en cama siete días. En ocasiones dijo diez, pero quizás debido al golpe no recuerde cuántos fueron.

Este es el denunciante, el de los “siete días en cama”. Si lo está desde el 25S, y hoy es 11 de Octubre, apenas han pasado dos semanas. Qué bien lo veo tras una conmoción cerebral o lo que tuviera, ¿no?

En el lado opuesto del ring tenemos al denunciado, un auténtico y salvaje fascistocomunista de los peores, con su crestita y todo a pesar de ser casi calvo, tatuajes y camisetas llamativas.

El programa avanza entre gritos e insultos educados, donde “Pedro”  afirma que es culpa de su amigo el hecho de que él, siendo una persona honesta, decente y concienciada, por culpa de gente como “Jorge”, que se declara manifestante-de-todo, haya recibido semejante somanta de palos. Que la culpa fue de su amigo porque empezó a jalear a la policía y que estos, obviamente, respondieron con violencia ante tamaña provocación. Que le vio agredir a los policías. Que “por culpa de vosotros…”. Y así continúa.

Aquí Romeo y Julieta en plena actuación.

Está más que claro qué papel representa cada uno: a la izquierda el ciudadano “progre”, con fuertes convicciones políticas, crítico y en ocasiones demasiado activista, tanto que es peligroso por llegar a atacar a un policía. Durante la conversación no se especifica cómo, sólo cuándo: alrededor de las 7 de la tarde.  A la derecha en cambio tenemos a Pedro, más comedido y racional, un español medio que sólo quiere lo mejor para su país pero desde un punto de vista mas “liberal” donde se puede protestar, pero sin excesos.

Debo añadir en favor de ambos que a ninguno se le nota desquiciado o fuera de tono. La verdad es que me he quedado impresionado ante tanta “normalidad” por parte de Telecinco.

Ante estos dos cachos de pan tenemos al Juez, Aitor Antonio Canales Santander, un abogado madrileño y entre el público participante tenemos a una “fila de expertos” (así los define la presentadora, Sandra Barneda) que hoy estaba conformado por:

1. Elisa Beni, mujer de Javier Gómez Bermúdez, ex-Presidente de la Sala de lo Penal de la A.Nacional.
2. Montse Suarez, abogada.
3. Lucía Etxebarría, “escritora”.
4. Jose María Benito Celador, uno de los portavoces del Sindicato Unificado de la Policía.

Tenemos varias posiciones: la Etxebarría defiende que la policía realmente agredió a los manifestantes que sólo pretendían rodear el congreso, y Montse Suarez que señala que los manifestantes querían tirar las verjas que “protegían” el Parlamento para asaltarlo a las bravas. Intervino J.Maria Benito afirmando que las UIP tenían la orden de “intervenir” si en algún momento alguien la liaba en las vallas. Elisa Beni se posiciona del lado de Etxebarría.

Elisa Beni

 Montse Suarez

Lucía Etxebarría

Jose María Benito

Curioso el momento, si veis el vídeo, en el que alguien del público le habla acerca de las identificaciones de las UIP, donde a media sonrisa (el lenguaje corporal no falla, muchachos) reconoce que llevan el número, pero que lo llevan debajo del chaleco antibalas. Qué cosas, ¿verdad?

Además participaban algunos famosos “polemistas” como Mario de Castro alias “el Becerro”, porque aunque tiene pinta de buen chaval y de buen actor, le han asignado (o se ha auto-asignado) un papel donde lo que hace es imponer su opinión gracias a su tamaño corporal, craneal y a ese potente chorro de voz que le augura un gran futuro en la lírica española. Debería planteárselo.

Finalmente, el “juez”, un apuesto, simpático y ecuánime muchacho, dicta sentencia: no admite la denuncia a trámite ya que Jorge no obligó en ningún momento a Pedro a ir a la manifestación del 25S y ni mucho menos iba a tener culpa de que un antidisturbios le agrediera como si el propio muchacho blandiera la porra y le atacara. Por otro lado, le recordó a Jorge que aunque es “bueno” protestar y manifestarse, quizás esas no sean las formas y que se hace más todos unidos que unos y otros por separado. Martillazo y se acabó.

Lo bizarro de todo el asunto no es que Telecinco haya dedicado un programa de estas características al 25S, sino que al hacerlo no se haya dedicado a criminalizarlo indiscriminadamente. ¿Qué pretenden? Uno, que ya se las ve venir como seguro les pasará a otros muchos lectores, desconfía de estas cadenas tan partidistas y mercantilizadas cuyos intereses son bien conocidos por todos. Por tanto, no me hallo en condiciones de averiguar cuál es el objetivo de la cadena al emitir semejante sainete.

¿Estará Telecinco rectificando? ¿Será que le han visto las orejas al lobo? ¿O que quieren atraer poco a poco a otro tipo de audiencia? ¿Será un guionista salvaje oculto entre despachos y redacciones el que ha colado semejante “barbaridad” sin que nadie se diera cuenta? ¿O es que simplemente quieren banalizar este asunto y tratarlo como si de algo extraño se tratase, para que la población le tenga más miedo aún y se queden bien quietecitos en casa, como decía nuestro honorable presidente el Sr. Rajoy desde Nueva York hace nada?

Por mi parte, espero que me respondáis vosotros. Yo tengo que ir al oculista otra vez a que me ajuste las córneas en su sitio. Agradezco opiniones y comentarios, sigo en éxtasis puro.

Tengan buen día. 

Veneno social I: el egoísmo.

Lo pienso constantemente y cada día que pasa me reafirmo en mis ideas: esta sociedad, la nuestra, la occidental, cuyos pilares son la filosofía griega y las tradiciones judeocristianas, ambas que hablan de compartir y amar al que tengamos al lado (cada una a su forma, pero ambas terminan igual: con alguno de rodillas), el valor fundamental que hoy día se promulga es uno: el egoismo.

Puro y duro, damas y caballeros. Se nos obliga a ser egoístas desde el momento en el que aprendemos que si no te quedas con algo, se lo quedará otro. Así de simple les funciona la neurona a alguno. Y me quiero explayar bien, así que si alguien no quiere leer mierdas reivindicativas acerca del valor social del no-ser-egoista y cosas así, que se vuelva por donde ha venido.

Empiezo.

Caminas por la calle y ves a alguien tropezarse. Sonríes un poco, disimulando, al fin y al cabo el humor negro es como las piernas: unos tienen y otros no. No pasa nada. Ves que se incorporas y no ayudas. Ahí aparece la sombra del egoísmo.

Coges tu coche, arrancas. Intentas incorporarte a la izquierda pero es imposible: pasan todos a una velocidad enorme como para hacerlo. Lo consigues. Coges autopista y tiras millas hacia el hogar. Alguien pretende incorporarse desde tu derecha: cambian las posiciones. Pero dices: “A mi antes no me han dejado, que se jodan ya!”. Y en lugar de pasarte al carril izquierdo para dejarle incorporarse, te mantienes en el tuyo y lo rebasas. Más egoísmo.

Se te olvidan cosas que comprar en el super y vas. Son dos tonterías pero las necesitas. Delante tuya en la caja, un matrimonio jovencito espera para comprar con dos carros inmensos. Sólo está esa caja abierta. La chica te mira antes de empezar a poner sus cosas en la cinta. Tú tan sólo llevas pilas y dos cartones de zumo. Y ahí te quedas, esperando detrás de esa inmensa cola de productos. Egoísmo puro.

Llegas a casa y tu hermana pequeña ha dejado todas las botellas con un dedo de líquido. Egoísmo. Terminas de comer y te apetece una siesta, tienes tiempo y vas bien planificado. Tu padre tiene puestos los documentales de La 2 tan fuertes que notas como una hiena de Tanzania resopla en tu nuca mientras te revuelves en la cama. Y ni siquiera son las cinco de la tarde.

Estos son varios de los ejemplos de egoísmo más cotidianos, y existen muchos otros. ¿Qué problema tienen? La gente actúa así, pensaréis. Si y no. Vivimos en una sociedad que desde que somos pequeños nos enseña que tenemos que ser los mejores en algo y destacar por encima de los demás; tenemos que ser competitivos para que, en el día de mañana, puedas acceder a un buen puesto de trabajo, tener una buena casa y un buen coche, poder mantenerte a ti y a tu familia cómodamente y darte algún caprichito de vez en cuando, para contarlo el lunes en la oficina. No importa cómo, el caso es que ese es el objetivo vital de todas las personas occidentales.

Olvidémonos de trabajar en algo que nos guste, en algo que repercuta a la sociedad, o sencillamente recordemos porqué estamos aquí. ¿Vivir para trabajar, o trabajar para vivir? ¿Trabajar para decirles a los demás quienes somos, cómo somos, cuánto somos? ¿Vivir esclavizados de una casa, un coche o una familia para recordarles a los demás que somos capaces de conseguir cualquier cosa que nos propongamos?

¿De qué estamos hablando?

El egoísmo es ese impulso quizás inicialmente nos ayudó a sobrevivir. Hoy día sobrevivimos en comunidades, el Ser Humano necesita unos de otros para no morir de hambre, sed, enfermedades, frío o calor. Sabemos que necesitamos a nuestros congéneres pero día a día se nos presentan multitud de oportunidades de mejorar esa convivencia, y estoy convencido de que la mayoría, por simple pereza, vergüenza u omisión de “deber moral”, hacemos como que no nos damos cuenta e ignoramos que no vivimos solos y que prácticamente todas nuestras acciones públicas tienen una repercusión mayor que nosotros mismos.

Pensad un rato. Sentaos y recordad qué cosas hacéis durante el día en las que dices: “Bah, si a mi me lo han hecho antes” o “Si no se va a dar cuenta, total…”. Acciones como las que describí arriba.

Pero ahora, mirémonos la otra mano. Recordad esos pequeños momentos en los que le habéis echado una mano a alguien de forma altruista, sin esperar nada a cambio, “porque sí”. Que hasta vosotros mismos os extrañáis de que haya ocurrido con tanta naturalidad y simpatía, con sonrisas por ambas partes: ayudar a alguien a cruzar, echar una mano con un peso grande a algún vecino, hacer algún trabajillo gratis a algún amigo porque lo domináis y no os importa…

Sería raro que nunca se os hubieran planteado alguna de estas situaciones, y sería hasta triste que de haberlo hecho las hubiérais ignorado. Estamos tan sumamente deshumanizados que nos parece extraño el contacto con extraños, aunque sean nuestros iguales y tengan nuestros mismos problemas, las mismas inquietudes, los mismos deseos y las mismas obligaciones. ¿De verdad queremos ser personas a las que TODO el mundo les da igual, a pesar de poder “ayudar”?

Porque admitid que no os cuesta ayudar a cruzar a un ciego por un paso de cebra, que apenas vas a tardar 20 segundos más de lo previsto. Admitid que os resultaría fácil ayudar a alguna vecina mayor que va cargada de bolsas hasta un piso por encima del vuestro, para bajar vosotros luego.

Hay un tipo de egoísmo que me duele más aún: el egoísmo de pensamiento, el egocentrismo. El pensar que todo gira a nuestro alrededor y que somos la luz que ilumina el Universo desde el mismísimo centro de éste. ¿No os lo creéis? Yo todavía conozco gente que cree que sin ellos, la sociedad no funcionaría. Que son imprescindibles allá donde vayan. Tiene solución, que conste: la ignorancia por parte de los demás. A veces tienen sus adoradores, pero normalmente una persona egoísta o egocéntrica termina aislándose a si mismo de una sociedad que se necesita mutuamente.

Ahora ya que cada cual reflexione, si quiere, sobre si su comportamiento es de los que le van dirigiendo a terminar sólo o si por el contrario, sabe vivir en sociedad.

Un bonito objetivo.

No vivimos tiempos tranquilos. Cada mañana nos despertamos leyendo y oyendo noticias que nos alejan más de la tan ansiada “estabilidad” a cualquiera de los niveles. Un mundo convulso que cada día se sacude las pulgas del lomo.

Las pulgas somos nosotros.

Me llama la atención que una de las palabras que más busca la gente y que termina trayéndoles aquí es “calma”, debido a una entrada de hace tiempo ya. La gente busca “calma”. Tranquilidad. Paz. Necesita crear pequeños habitáculos donde sentirse ajenos a todo lo que está pasando fuera y pensar que quizás algún día la paz del interior escape al exterior.

Por eso muchas creencias, filosofías, prácticas y religiones la buscan. Paz en el interior que escape al exterior. Que se pueda compartir y practicar. Que se pueda moldear a nuestro antojo para adaptarla a nuestras necesidades. Y lo mejor es que todo esto ya existe, y se puede conseguir. Hay muchas formas de alcanzar esta tranquilidad personal, pero yo contaré aquí la que creo que utilizaría yo.

Lo primero que habría que hacer es encontrar un espacio privado donde poder “esconderse” sin que nadie te moleste. Una habitación con pestillo, por ejemplo. Ahora necesitamos crear un entorno favorable pero no demasiado envolvente, o nos quedaremos dormidos a la primera de cambio. Luz agradable pero no inexistente; música que no nos haga pensar en que está sonando pero sepamos que lo hace; que nadie nos moleste ya que a algunas personas les da vergüenza esta situación, aunque yo creo que es lo más natural del mundo. Evitemos tener sensación de hambre, frío, calor o sueño y ya tenemos lo más importante.

No hay técnicas para meditar fiables: todas lo son y ninguna lo es. A cada persona le va bien una forma diferente: aquí lo importante si es el fin. Siéntate, normalmente cruzando las piernas y la espalda erguida, pero no rígida. Sólo tienes que sentirte bien, aunque evita tumbarte porque seguramente te quedarás dormido. Intenta ahora, por un rato, ocupar tu mente con conceptos, ideas o recuerdos que consideres agradables. Siempre suele haber alguno: un viaje, algún lugar concreto, alguna persona… Y ahora tómate tu tiempo, con calma. ¿Necesitas dos horas? ¿Las tienes? Dedícalas.

Y ya está. Ya estamos dentro. Hemos conseguido un espacio agradable y poco hostil donde solo los buenos recuerdos inundan nuestra mente sin dejar espacio a los malos pensamientos, a las ideas repetitivas, a los conceptos tóxicos… Poco a poco te será más fácil llegar a ese estado de tranquilidad física y mental. Más adelante lo harás hasta involuntariamente. No desesperes si te cuesta: todo es práctica. Es importante “desconectar” de esta realidad de una forma gradual y suave. Sin movimientos bruscos y manteniendo siempre el pensamiento en esa sensación que hemos conseguido crear.

Más adelante, igual que uno se lleva una tienda de campaña a un camping, también puedes llevarte toda esta “habitación” allá donde vayas. Todo es cuestión de práctica y he llegado a verlo  hacer incluso en mitad de un tren de cercanías lleno de gente a las ocho de la mañana. No es que lo haya conseguido yo, pero poder se puede.

Si os fijáis, cada filosofía o religión busca su método para alcanzar esta “calma” interior. Los cristianos rezan individualmente en las iglesias y los musulmanes se reúnen en las mezquitas para hacerlo más en conjunto y en voz alta. Los budistas tienen diferentes formas: rezos con mantras, yoga, Tai Chi Chuan… El objetivo es siempre el mismo: que mientras el mundo esté revuelto, nosotros nos convirtamos en un pilar donde los demás puedan aferrarse y a su vez puedan convertirse en el apoyo de los demás.

Ese es un bonito objetivo a cumplir.

Tened buen día!