No soy un esclavo (II)

¿Recordáis la entrada “No soy un esclavo“? Vamos a darle una nueva vuelta a esta tuerca, porque parece que algunos no se quedan a gusto.

Tras despedirme del local anterior de malas formas y por un motivo de dudosa validez quedó “pendiente” que ellos me entregaran un sobre con 21 euros que me faltaban y yo devolviese las camisas del uniforme que utilizaba. Nadie más volvió a decir nada hasta hoy, cuando mi ex-encargado-directo me ha llamado. Lo primero que se me ha venido a la cabeza es “capaces son de denunciarme o algo” y luego un “quizás quieren que vuelva a trabajar…”

Es lo primero que he pensado cuando he visto una llamada perdida de mi ex-encargado-directo en el móvil y un par de mensajes por Whatsapp mientras estaba en las prácticas. Nada más salir yo, nos ponemos en contacto y perdiendo un poco las formas me ha sentenciado a no volver a trabajar donde él esté…

Me explicaré un poco mejor. En la entrada anterior lo omití porque me parecía irrelevante pero voy a añadir un pequeño detalle que me gustaría, si queréis, que me comentárais para decirme qué opináis: en este bar de copas donde sucedió todo nos dieron un uniforme con las letras del local grabadas y demás. Cuando me echaron me exigieron su devolución cosa que veo totalmente normal: yo no las quiero para nada además de que me quedan enormes. Por mi parte, sin problema.

Pero también olvidé citar que me deben tres horas de trabajo: exactamente 21 euros. Sea más o sea menos, son MIS veintiún euros. Como si son doscientos, lo mismo me da. Son míos y es fruto de mi trabajo.

Bien, pues en mi último mensaje a mi encargado-supremo, al día siguiente de mi despido, le digo exactamente esto:

“Buenas encargado-supremo:

Ya he hablado todo con el encargado-directo, siento lo de anoche pero creo que mejor así. Hoy no he podido acercarme con las camisas, iré mañana o pasado. Si puede ser, por favor, ¿puedes mirarme lo de las tres horas que me faltaban? Así queda todo hecho 🙂 Gracias!”
Esta es mi manera educada de decir: cuando tengáis mi sobre, voy y os dejo las camisas porque sé que como os deje las camisas vais a pasar totalmente del tema y voy a perder mi sobre. No me parece algo descabellado y creo que merecía una respuesta, ya que después de todo fue este encargado-directo el que me llamó a la una. Y si puede llamarme a la una de la noche para trabajar, creo que también puede llamar en cualquier momento (o mandar un SMS de cualquier tipo) para que me acerque.

Lo del sobre aunque suena muy a PP, también es habitual en los bares de copas.

Este mensaje se envía exactamente el 23 de Febrero de 2013 a las 20.48 de la tarde. Desde entonces este encargado no ha podido o no ha querido contestarme con un simple: “Ven a por tu sobre y tráete las camisas” y allí que me hubiera plantado yo el primero sin problema para zanjar todo este asunto. Aunque yo considere que ellos han fallado, no hay por qué acabar a las bravas o al menos yo no soy de ese parecer.

Pues a lo que vamos: durante la llamada mi ex-encargado-directo me ha dicho, resumiendo, que qué pasa conmigo, que le estoy dejando fatal por no llevar las camisas, que tengo muy poca vergüenza por dejarle así de mal porque él me trajo allí (¿no hay que tener poca vergüenza para llamar a la una de la mañana?), que está todo el mundo hablando de ti, que si estuvieras aquí delante te la montaba aún más grande y lo más importante para mi:

“Que la puerta para trabajar en A y B (otros dos locales donde esta persona trabaja) la tienes cerrada”

Esto podéis entenderlo como queráis: acoso post-laboral, exclusión pre-laboral…no sé, alguien con más luces que yo seguramente podrá definirlo mejor y de una manera más precisa. A esta persona la conocí trabajando en A donde también era mi encargado-directo y entonces fue de maravilla, os lo aseguro. Ni una salida de tono, ningún retraso en nada y sí, días de reserva en los cuales me avisaban como máximo a las 20.00h para ir o no. Si se hubiera hecho así, no hubiera habido ningún problema. Pero esta última empresa es muy, muy diferente.

Parece que le ha molestado durante la conversación que yo citara “mi dignidad” para no ir a presentarme a la empresa que me había echado por los motivos que os conté, sin saber si me pagarían o no (tampoco tengo por qué saberlo, sabiendo que la legalidad no es su fuerte). Ya no es por no querer pagar, es que me puedo imaginar que estas cosas “se van dejando” porque ya no son importantes y demás. Nunca me había pasado esto ni soy adivino, la verdad.

Tras finalizar la conversación con encargado-directo aún así, le he escrito un whatsapp (soy pobre, no puedo llamar) diciéndole que con él no tengo absolutamente ningún problema y que si quiere me acerco a donde esté para llevarle las camisas y que con el sobre haga lo que quiera, que me da igual lo que tenga dentro. Pero que sigo pensando igual, que no voy a ir al local donde creo que no se me ha tratado bien en comparación a como yo he respondido y que  sé que él no tiene la culpa, pero que yo tampoco me merezco esto (este trato).

Después de esto, no ha habido respuesta alguna.

Y hasta aquí llega la aventura laboral de hoy. Aún falta una (espero) de cómo conseguí quedar con encargado-directo para devolverle las camisas, si me dio o no los sobres y lo que durante ese intercambio de bienes se diga, que preveo que van a ser palabras muy duras como “me has dejado tirado”, “olvídate de trabajar en verano en Sevilla”, “me has fallado” y demás técnicas de relajación. Grabaré la conversación para luego transcribirla.

Hasta entonces, gracias por leer esto y muchas más por comentar vuestra opinión.

PD: No he denunciado absolutamente nada porque aún estoy hablando con gente experta en derecho y viendo si se puede o no se puede hacer, y evaluando las consecuencias que podría tener enfrentarme directamente con una empresa con tanto “poder” en la ciudad y si, algo de miedo se le tiene a eso. 

4 comentarios

  1. ¿Sabes lo que más me jode? Que yo con esta persona me llevaba muy bien, incluso había cierta amistad. Y es más, le dije que nunca discutiría con él por un trabajo así porque me parece absurdo.

    Se ve que no opinábamos igual el uno del otro.

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