Mes: diciembre 2013

Balance de 2013: el año del trabajo y el aprendizaje.

Terminando 2013 a todos nos gusta pararnos un momento a reflexionar acerca de cómo nos ha ido durante todo ese tiempo: si estamos mejor o peor que cuando lo empezamos, si hemos conseguido aquellas promesas que nos hicimos al principio o no, o si sencillamente ha sido “uno más”. Si tuviera que quedarme con algo en concreto de éste 2013 que nos deja ese sin duda es el ámbito laboral: a grandes rasgos se puede decir que ha sido el mejor año hasta ahora.

Comencé el año contando cómo me habían echado de una empresa por no haber cedido a sus absurdas exigencias; más tarde comencé unas prácticas en uno de los mejores hoteles de la ciudad y donde he conseguido quedarme aunque sólo sea en momentos puntuales que van desde unos días sueltos a meses completos (el único punto negativo ha sido la relación con algunos “compañeros“). A finales de verano conseguí de abrir una pequeña “empresa” basada en márketing de afiliados abriéndome un mundo nuevo de posibilidades económicas y desde septiembre también tengo que añadir en la nómina el bar de copas que también he citado alguna vez. Y como guinda del pastel, sobre la mesa tengo un par de proyectos muy interesantes: uno relacionado con éste mismo blog y otro que está todavía en la fase de brainstorming del que más adelante tendréis noticia. Termino pues 2013 trabajando, y lo comenzaré trabajando.

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¡Nuevo dominio!

Amigos, fans, fieles y acólitos, tengo a bien presentaros en éstos días de Gloria de Nuestro Señor, mi nuevo dominio web para que dejéis de ponerle apellido a éste tan humilde y divertido blog. Ahora podréis entrar directamente desde…

.com

 Si habéis tenido a bien darle al enlace habréis comprobado de manera un tanto “especial” que redirige a ésta página. Especial de cuando algunas madres decían: “Es que este niño es…especial”.  Gracias por vuestra visita extra 🙂

Y como seguro que os habéis portado muy bien en Navidad, aquí os dejo mi primer regalo. ¡Un abrazo a todos y que paséis una gran Nochebuena y una feliz Navidad, o algo de eso!

Ésta entrada cambiará tu vida.

¿Qué? ¿Agobiado por el paro? ¿Harta de echar currículums hasta en el buzón de los Reyes Magos?

Evidentemente la cosa está muy, muy negra y posiblemente más que lo estará. Pero déjame darte un consejo que a mi me ha servido: no puedes sentarte a llorar en un rincón y esperar a que el mundo se arregle solo. ¡Hay que ponerse en marcha ahora mismo! Pero te preguntarás…¿por dónde empiezo?

Creo que todos hemos pasado por situaciones mejores y peores. En mi caso, hubo una vez que le adeudaba a mi casero tres meses de alquiler porque aún estaba pagando los tres anteriores. Me pateaba las calles una y otra vez en búsqueda de “algo” porque tan sólo estaba poniendo copas en una discoteca y eso, en Barcelona, no da ni para respirar. Cuando volví a Sevilla repetí el mismo plan y encontré alguna cosilla, pero más de lo mismo: trabajos mal remunerados, horarios intempestivos y altamente variables, sin contrato… Con el tiempo me di cuenta de que siempre seguimos la misma dinámica y casi siempre obtenemos los mismos resultados: o un NO rotundo disfrazado de llamada ausente, o un empleo en condiciones precarias.

Pero hay una solución. Si, como lo oyes: la hay.

Yo les llamo “Empresarios 3.0“. Escriben ebooks, venden productos de Amazon, ganan dinero suficiente para irse a vivir experiencias por todo el mundo, no se preocupan en exceso por el futuro lejano, disfrutan de la vida aprovechando todos los recursos que tienen a mano y encima lo comparten con todos ¿Os suenan las palabras “start-ups”, “negocios pasivos”, “business angels”, “landing webs”? A mi también me asustaban, pero ¡hay tanto por descubrir!

Son gente que han decidido abandonar el camino “tradicional” de terminar de estudiar una carrera, buscar trabajo, trabajar ocho horas y vivir una vida estresante para encontrar nuevas fórmulas de negocio e ingresos que yo mismo he podido comprobar que funciona cuando abrí la página Yaraqué.com. Yo, que soy un zote para estas cosas, conseguí poquito a poco abrir un pequeño negocio online con un coste mínimo y que apenas tres meses después ya empieza a dar ingresos. OJO, pocos, pero los da. Cierto es que no le he dedicado todas mis fuerzas, pero podría hacerlo. Eso si, hay que echarle horas. Pero una vez echadas, es cuestión de dedicarle un ratito: menos de lo que gastaríais yendo a echar currículums por toda la ciudad.

¿Queréis saber cómo hacerlo?

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La importancia de los detalles: GADIS vs Cruzcampo

Inundados nos hallamos de mensajes publicitarios, spots televisivos, spam ordinario y miles de formas, de luces y colores hiper excitantes que no paran de enviarnos mensajes de todo tipo empujándonos a elegir unos u otros productos. A veces somos conscientes de lo que nos están vendiendo y otras veces tenemos que fijarnos más. Unas veces el spot en sí es un valor, y en otras ocasiones es sencillamente el momento que aprovechamos para ir a darle un repaso a la nevera, no sea que haya algo nuevo desde la última vez que fuimos.

Sin embargo, en contadas ocasiones, precisamente cuando nos paramos de verdad a ver qué nos están vendiendo y más que el qué, el cómo nos lo están vendiendo, es cuando nos damos cuenta de que todo, absolutamente todo lo que realmente importa radica en los detalles. Vamos a verlo con dos ejemplos muy claros:

El primero es el nuevo spot de los Supermercados GADIS, una cadena gallega de alimentación. Está subtitulado, por si os daba pereza penar en otro idioma.

Como habéis visto, el resultado es una interpretación un tanto almodovariana de la maruja estándar en su hábitat natural, la peluquería, centro neurálgico del saber popular que va relatando los desmanes de la vida y asegurando que pueden ser superados con un poco de optimismo. Una escena típica, fácilmente reconocible y hasta exportable a otras regiones. Prácticamente no podemos saber de qué o de quién es el anuncio hasta el final pero en éste caso importa poco: lo que nos está vendiendo en principio es que hay que conservar una actitud positiva a pesar de la que está cayendo y no dejar de comprar en esos supermercados. La marca ha sabido fusionar el refrán “Al mal tiempo, buena cara” con el carácter gallego y sobre todo, con su marca. “Ante la adversidad, estamos nosotros para alimentaros, no os preocupéis. Seguid siendo felices” es más o menos lo que yo entiendo. Un 8 sobre 10 por la exagerada euforia final, y aún así te quedas con el “pellizquito”. 
Pero luego podemos irnos justo al extremo contrario: los anuncios de Cruzcampo

Saltándonos el debate acerca de si es buena o mala cerveza, si es oro líquido o pis de cabra, la cervecera ahora holandesa no ha sabido reflejar demasiado bien en sus spots algo que no sea torpeza, incultura o un “quiero-y-no-puedo” corporativo. Veamos:

Qué bien, ¿verdad? En éste anuncio de 2004 vemos la típica escena que podría darse en cualquier momento y lugar de Andalucía, una taberna cualquiera donde un apuesto poeta embelesa a una espectacular morena con un soneto que corta hasta el aliento de los presentes, para que al final todo se resuelva con una fiesta que quita el sentío. ¿No os chirría nada? ¿No escuece un poco ver al mismísimo Lorca transformado en una suerte de casanova low-cost con un fantástico acento más propio de la Meseta que de las orillas del Genil? Que si, que es evidente que no se refieren a Lorca en sí sino que se trata de una especie de “recreación moderna para homenajear a una de las figuras románticas andaluzas más internacionales” pero ya que intentan venderme algo, al menos que lo hagan con un poco de propiedad. O sencillamente preocuparse por saber que Lorca murió fusilado por homosexual.

Detalles nimios que no son necesarios para hacerle un homenaje. Para qué quebrarnos la cabeza si podemos apañarnos tranquilamente con un libro y un par de versos del poeta granadino. ¡Si es que soy un quejica!

Luego estaría la opción “tirar piedras sobre tu propio tejado”. En 2011 pasamos de los tópicos históricos a los modernos y mientras Cruzcampo se esforzaba seriamente en recordarnos a los andaluces que preferimos el relax al trabajo, la vida caótica a la ordenada, la “fiestera” a la responsable…Todo aciertos. 

Más tarde me imagino que alguien de la propia empresa tendría un sobresalto nocturno o algo así y durante el choque de neuronas diría “Oye, ¿y no será que los andaluces puedan sentirse menospreciados al ver éste anuncio que básicamente dice que son todo lo contrario a gente decente?” y claro, fueron a corregirlo. 
Ahora ya si se escuchan con nitidez las vocales abiertas orientales, alguna hache aspirada, alguna consonante ausente…parece ser que por fin después de años de spots publicitarios Cruzcampo ha comprendido que, al igual que en un anuncio de supermercados gallegos aparecen marujas gallegas hablando en gallego, incluso aunque sólo lo emitas para audiencia gallega, es necesario que lo que estés publicitando sea coherente dentro del propio contexto del anuncio. Un Lorca de plástico con acento de Valladolid o cuatro jóvenes diciendo que en el sur se vive mejor porque a ellos les parece así no son argumentos suficientes si lo que quieres es que una región asuma que tu marca es más importante que la bandera.

Podríamos hilar más fino si analizamos lo que dice el anuncio en el cual se escuchan comparaciones más sutiles que en el anterior: ahora el sur no es todo fiesta, caos y jolgorio; ahora es luz, color, sabor, una actitud, al mal tiempo buena cara, solidaridad, donde comen dos comen diez…Huy, pero un momento…¿esto no es suena? ¿de verdad que no?…

Si, damas y caballeros, Campofrío ha vuelto al ataque reciclando conceptos. Pero como decía Michael Ende en “La Historia Interminable”…

…eso ya es otra historia. 

Por lo menos sale Chiquito de la Calzada, ¡que ya podría aprender Cruzcampo!

Son sus costumbres y hay que respetarlas. Palabra de gitano.

Una vez una persona me dijo: “Muchacho, nunca seas racista. Así podrás acordarte de la madre de todos por igual”.

Y vaya si tenía razón.

No sólo me considero una persona tolerante sino que encima lo soy, algo de lo que no puede presumir mucha gente en cierto modo. Por suerte me han educado bien y yo mismo he visto que de nada sirve discriminar ni generalizar, pero siento decir que hay algunas veces en los que algunos grupos/razas/etnias/comoqueráisllamarlo cumplen con muchos de los tópicos que sobre ellos pesan y anoche pude comprobar que si, que es cierto: que quizás de manera individual cada uno será como quiera ser, mejores o peores, educados o no, pero cuando están en grupo pesan mucho y se hacen más evidentes. Hoy me apetece hablar de los gitanos.

Vamos a partir de la base de que en casa tenemos trazas gitanas. No muchas, pero haberlas haylas. Y que trabajo en una sala de flamenco cuyo público es bastante diverso, de jóvenes a mayores, gitanos, payos artistas, algún famosillo y gente que simplemente quiere disfrutar un rato de la música, luego estoy no sólo acostumbrado al ámbito sino a que en realidad, me importa muy poco de donde sea cada uno, de dónde sean sus padres o si mantiene la pureza y la honra intacta: yo voy a seguir atendiéndoles igual. El problema viene cuando se trasgreden ciertos límites que no pienso callarme.

De los gitanos se dice que no respetan las normas porque ellos tienen las suyas propias. Dicen que son caóticos, que gritan mucho, que gesticulan mucho y que no se están quietos así los amarres a una silla. Se cae un jarrillo de lata al suelo y ya te hacen una fiesta, eso si. Todos hemos visto alguna vez en Cuatro “Palabra de Gitano” donde se retrata la vida de los mismos en sus diferentes facetas, así que dudo que os esté contando nada nuevo. Pero anoche me tocó vivirlo a mi. Vamos por partes.

1. Tabaco:

Desde primera hora tuve que aguantar que la gente fumase en los baños. Desde que no se puede fumar en bares -y aunque yo mismo fumo- es una alegría poder trabajar y volver a casa hasta las orejas de polvo, vale, pero al menos no me huele toda la ropa a tabaco. Normalmente en la sala algún listillo se me pone a fumar aprovechando las columnas, las esquinas de los reservados VIP, los baños o la salida de emergencia, pero se le dice una vez y no vuelve a repetirlo. No suele ser un problema y si los diera, para eso están los porteros. A última hora la gente ni se cortaba ya: si antes se iban al pasillo de los baños, ahora cómodamente en la mesa se encienden su cigarrito porque saben que hay tantísima gente que va a ser imposible llegar hasta ellos y decirles algo. Y cuando les decía algo, la mayoría se encogían de hombros, tiraban el cigarro y cuando me daba la vuelta encendían otro. “Es que son gitanos, ya sabes. Cualquiera les dice que no” fue la frase que más oí anoche para justificarlo.

2. Gesticulando:

Hay gente que por su naturaleza gesticula más o menos. En estos casos la cultura es un componente esencial, y si pones a un árabe frente a un sueco posiblemente al segundo termine dándole un infarto con tanta información y tan explícita. Pero en el caso de los gitanos es muy característico, sobre todo las mujeres. ¿Qué problema hay? Normalmente ninguno, excepto cuando llevas una bandeja llena de copas a medio metro sobre sus cabezas. Ayer las pase canutas en varias ocasiones esquivando manos al viento. También me pasa cuando se ponen a bailar sevillanas, pero en ese caso directamente no cojo la bandeja.

                              

 Qué guapa va la novia. 

3. Gritando:

Yo normalmente tengo que gritar para comunicarme con la gente allí dentro debido al nivel de la música, pero anoche me faltó ponerme un luminoso en el pecho y dar las gracias por la comprensión. En éste caso era al contrario: ellos gritaban tanto que a mi no me hacía falta. No todo iba a ser malo.

4. Pidiendo respeto

Yo tengo designada una zona para cargar y descargar las copas -como en casi todos los bares/pubs/discotecas- y normalmente suele estar libre, pero anoche tuve que bregar con dos mujeronas que me costó horrores que entendiesen que si se quedaban allí, me molestaban a mi. Tuve que aguantar su pitorreo y sus sonrisillas incluso despectivas, y alguna frase en plan “Mira el payo, qué pesao es“. Más tarde intentando llegar a esa zona y pidiendo permiso/perdón, aparté a uno que me dijo “Que si, que me quito pero me pides las cosas con respeto y por favor”. Otro sordo que nada mas darme la vuelta, irme y volver a soltar más vasos tuve que volver a apartarlo. Así diez o doce veces. Mucha gente me pregunta que cómo lo aguanto y yo les pregunto lo mismo, que cómo lo aguanto.

5. Machismo imperante

Era impresionante como siempre se repetía el mismo patrón: las mujeres sentadas en las mesas y los hombres frente a ellas. Piden ellos, pagan ellos, mandan ellos. Ellas a bailar y a cantar, pero de beber…cocacola y poco más. En cambio cascarse una botella de lo que sea entre cuatro, cinco o diez amigotes mientras ellas miran es de lo más normal.

6. ¿Todos beben lo mismo?

Anoche en mi zona puse al menos 12 botellas con sus correspondientes copas, refrescos e hielo. De las 12, TODAS eran lo mismo: Johnie Walker negro con redbull. Esta bebida se considera premium y por tanto no es nada barata: la botella sale a 120 euros. Nadie se quejó por el precio e incluso alguno pidió dos y tres. En otras mesas llegaron a facturar más de 2000 euros en botellas. Lo que realmente me hace gracia es que todos bebiesen lo mismo, y no lo que estuvieran bebiendo. No se si es moda, o algo como para mostrar el “estatus” personal, a lo que voy ahora.

7. El dinero no es un problema.

Yo no se vosotros, pero ni aunque mañana mismo fuese mi cumpleaños podría yo pagar 120 euros por una botella para bebérmela con mis amigos. Y considerando que la mayoría de los que me pedían debían tener entre 20 y 40 años, entran dentro de ese 45% de parados de Andalucía que supuestamente tienen lo justito para ir tirando. Oye, que igual no y tienen todos sus trabajos y demás, pero la verdad es que me cuesta creérmelo y esto es algo que pienso muy a menudo, sean de donde sean.

Si leyendo ésto os habéis enervado o pensáis que ando cachondeándome de los gitanos nada más lejos de la realidad. En el fondo me gusta conocer y enfrentarme a estas cosas porque te ayudan a ir “capeando” temporales y adaptarte a gente con la que no sueles tratar. Por supuesto también me río mucho con las cosas que me contaban y arte, lo que era arte, se salía hasta por las rendijas del techo.

Y recuerdo de nuevo, antes de finalizar, que me importa bien poco de donde sea cada uno. He escrito ésto a modo de curiosidad y queja al mismo tiempo, porque a veces se utiliza una “debilidad” (en éste caso ser una minoría) para justificar una relajación en las normas tanto las legales como las sociales, porque sigo pensando que si se pide igualdad, tiene que ser igualdad a todos los niveles y en todos los valores. Que si no quieren perder sus costumbres me parece fantástico: allá ellos.

Pero no me fuméis ahí encima que me jodéis la tapicería del asiento, hombre…