reflexiones

Diez consejos para cuando vayas a un hotel.

Aquí van diez consejos que te serán muy útiles para la próxima vez que te alojes en un hotel desde que entras por la puerta hasta que vuelves a salir por ella.  No cuento nada nuevo y en general se basan principalmente en mi experiencia estos nueve meses de trabajo, y yo he mismo he podido comprobar que cuando se siguen estas pautas de pronto todo es mucho más fácil y gratificante, tanto para el cliente como para el trabajador. Añado algunos ejemplos, por si a alguien les sirven.

Venga, ¡no perdéis nada por probar!

1. Saluda

Parece mentira, pero algunas personas dan por hecho que el saludo es algo innecesario ya que en un hotel te van a recibir igual, digas algo o no. En absoluto: es la forma más efectiva para que todos los empleados empiecen a saber quién eres y no pasar por situaciones como tener que repetir veinte veces en qué habitación te alojas. A nadie le gusta decir su nombre una y otra vez, ¿verdad?

2. Da las gracias

Cuando hacemos algo por alguien…¿no nos gusta recibir un sencillo “Gracias” como respuesta? A los trabajadores de un hotel también. A algunos los verás a diario (recepcionistas, camareros) y a otros no los verás jamás (lavandera, costurera, camareras de pisos…), así que ¿qué tal si jugamos a las notas? Estoy seguro de que si en la bolsa de ropa sucia que has pedido que te laven pones una nota dando las gracias por adelantado a la persona que las lavará, lo hará con mucho más mimo y más rápido. O sobre la mesa, antes de que vengan a limpiar. Pruébalo y me cuentas.

Ejemplo: Una familia catalana que desde que llegó supo agradecer cada gesto que hice por ellos sin tener realmente porqué hacerlo, era sencillamente educación. ¿Resultado? No recordaban dónde habían dejado el carrito del bebé y cuando fue localizado me fue sencillísimo identificarlo y enviárselo a la habitación cuando mi compañero me preguntó por él por teléfono, ya que él no estaba delante en el momento de perder el carrito. De no haber sido tan simpáticos y agradables -y quedarme con sus caras- quizás no habría recordado tan rápido en qué habitación se alojaban.

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Micro-relaciones I

Una de las cosas que más me impresiona de los hoteles ahora que los conozco un poquito mejor por dentro es algo que he decidido bautizar como “micro-relaciones“. Las definiría como la relación que surge entre un trabajador y un cliente durante la estancia, que puede ser más o menos breve, y depende tanto del carácter del trabajador como del que tenga el huésped.

Y eso es lo que quería volcar aquí: las pequeñas relaciones que surgen con algunas personas y que precisamente me parecen increíbles por lo breves e intensas que son. Todo lo que ponga aquí es lo que me cuentan durante su estancia, normalmente en el trayecto desde la recepción a la habitación. Yo les cuento cómo funciona el hotel y ellos me cuentan, en ocasiones, cómo funcionan sus vidas. Pongo varios ejemplos reales aunque obviamente omitiré nombres por discreción:

Lady Margaret: tendrá cerca de los 85 años, es del sur de Inglaterra aunque vive en Londres y viaja sola porque dice que aunque su marido murió hace mucho, ella se sigue sintiendo muy viva. Habla de la muerte con total naturalidad y dice algo que me impresiona: “No voy a esperar a la muerte sentada, joven“.  Enjuta, de pelo suelto, cano y ojos claros, en general puede valerse por si misma pero ha pedido una silla de ruedas para desplazarse por el hotel. Nuestra micro-relación comienza con un compañero pidiéndome que la lleve a su habitación, mientras por el camino me va narrando cuánto le gusta aprovechar sus últimos años de vida para conocer lo que jamás pudo por haberse dedicado a su familia. Es fan de los Beatles, le gusta muchísimo el jamón serrano y dice que este es el manjar más exquisito que jamás ha probado. Ha habido tanta buena conexión que me ha pedido si la podía dejar recostada en la cama, y si no me importaría quitarle los zapatos ya que ella sola no se alcanzaba. No siempre es fácil “tocar” a alguien. Al despedirme de ella con el pellizquito en el pecho es cuando se me ha ocurrido esta entrada.

(Esta noche tendrá por cortesía del hotel una tapa mientras oye al pianista que viene cada noche.)

Los Jakobsson: son suecos y es la tercera vez que vienen a Sevilla. Nunca había coincidido con un cliente nórdico tan de cerca y al contrario de lo que me imaginaba, les encanta gastar bromas, contar chistes y conocer secretos del lugar donde se hospedan, ya que creen que cada lugar es un mundo y que merece ser conocido hasta el final. Les cuento acerca de clientes ilustres que han pasado por su misma habitación y se despiden en sueco, dándome propina en coronas. No era mucho, pero para mi ha sido aún mejor que si me la hubieran dado en euros, os lo aseguro.

La Sra. Smith: viaja sola y con sus dos hijos, uno de los cuales cumple años el mismo día que yo. Como con sus hijos no puede hablar de ciertos temas que a ellos les parecerían aburridos, lo hace conmigo cada vez que me encuentra por los pasillos. Su marido es un próspero agente de viajes que apenas pasa por Londres, que es donde vive. Por eso ella y los críos, cuando pueden, se escapan por el mundo. La noche anterior la habían pasado en algún punto sobre Pakistán y Grecia, aunque no lo recuerdan porque se quedaron dormidos a mitad del vuelo procedente de Yakarta. Se despidió de mi dándome dos sonoros besos en la cara y un fuerte achuchón justo delante de mis jefes, en plena recepción. 

El Sr. Rios: viene de Barcelona con su novio, su hijo y la novia de éste. Es empresario y está acostumbrado a venir a Sevilla, pero hacía al menos tres años que no venía al hotel y no conoce las novedades. Me ha agradecido una barbaridad que le hiciera un pequeño “circuito” por los bares de tapas y copas menos conocidos por el turismo y que le ofreciera una alternativa distinta a la que aparece en las guías. Se hospeda en una de mis suites preferidas, la 138-140, en la que algún día me gustaría hospedarme sólo por ver qué se siente. También queda encantado con lo rápido que se le ha solucionado un problema técnico de la habitación.

Sres. Aldrich-Akita: son un matrimonio que al preguntar de donde provienen, dicen “Es complicado. Digamos Inglaterra”. Reímos los tres. Ella es oriental, seguramente hija de japoneses. Son jóvenes, no alcanzan los 40 años y es su aniversario de bodas. Una vez vinieron a Sevilla, pasaron por la puerta del hotel y quedaron encantados con todo lo que vieron, así que hace diez días decidieron hacer una reserva y sin importar el coste, venir a celebrar que se siguen queriendo. Yo iba con la ventaja de conocer la habitación y sabía que les encantaría, ya que tiene una enorme terraza con vistas a la ciudad, a la Catedral concretamente, que los deja embobados. Sobre el escritorio tienen una cubitera con una botella de cava y la cama está cubierta de pétalos de rosa, ya que desde la central se nos avisa que eran clientes habituales de la compañía y que era un día especial para ellos. Ella de hecho, estaba especialmente emocionada por todo.

Estas pequeñas historias biográficas que a priori pueden parecer poco más que meros cotilleos sin interés son precisamente para mi el valor principal del hotel: el factor humano, el componente más impredecible de todos. Todas esas personas y yo hemos confluido en el espacio y el tiempo precisamente para contarnos esas breves historias para luego cada uno seguir su camino.

Y eso es precisamente lo que me maravilla de todo este asunto: son relaciones tan efímeras que o las aprovechas, las degustas y las disfrutas como yo ahora mismo, o sencillamente las olvidas y te conviertes en una máquina que transporta gente de un lugar a otro, igual que hace un coche o un vagón de metro.

No sé si os gustarán a vosotros o no, pero yo por si acaso seguiré apuntando aquí algunas de esas historias, no vaya a ser que se me olviden.

Odiosos trabajadores.

No me considero una persona extraordinariamente quejica, la verdad, pero lo de hoy ya es que me enerva hasta tal punto que necesito compartirlo básicamente para no cagarme en los muertos de nadie yo sólo y poder hacerlo más a coro, más social.

Algunos sabréis que estoy de prácticas en un hotel. Tengo suerte: no me explotan, cumplen con las horas estipuladas, no me hacen hacer el “trabajo sucio” de nadie y tengo que decir que me lo paso bastante bien…exceptuando esos momentitos en los que te cruzas con ciertos compañeros que parece que desde que se levantan hasta que se acuestan rezuman mala leche como un mal botijo. Ya hablé una vez de ello por aquí, pero hoy quiero hacer énfasis en el tema y luego entenderéis por qué.

Mi trabajo consiste en dar la bienvenida al nuevo cliente, hablar un poco con él, contarle cosas del hotel, darle algunos horarios, algunos sitios donde ir, acompañarle a la habitación, enseñársela y algunas tareas más. Como veis, es algo muy ecléctico y que toca muchos “palos” como quien dice, por tanto me cruzo a lo largo del día con muchos departamentos. Y en ellos me he ido encontrado gente como:

1. El típico que anda siempre más pendiente de lo que haces tú que de su propio trabajo, para ver si fallas y tiene algo que comentar con el resto porque su vida es tan jodidamente insípida e insustancial que necesita rellenarla de estas cositas.

2. La subnormal de turno que piensa que “como eres de prácticas, no debes quejarte jamás ni proponer nada“.

3. El vinagres-senior: ya hablé de esta gente alguna vez pero es que cada vez que me cruzo con ellos me asombro y los admiro, porque son unos supervivientes natos. Vamos, que no entiendo como siguen vivos y sin que nadie les haya partido la cara por bordes. Para ellos todo son malas caras hacia los demás de su nivel o inferior, desprecian cualquier gesto de buena voluntad y están deseando llegar a sus casas porque odian al mundo tanto o más de lo que el mundo les odia a ellos. Bastaba con una sonrisa sincera, gracias.

4. El vinagres-junior o aprendiz de vinagres: lo mismo que lo anterior, pero en lugar de tener 40, 50 o 60 años, apenas alcanzará los 25 o 30. Tiene más cojones, porque siendo tan jóvenes y tan amargados…

5. La típica que sólo saluda delante de los jefes, pero el resto del tiempo no sabe si eres hombre o mujer, si estás vivo o no respiras, etc.

6. Y cómo no, y más en el mundo de la hostelería, tenemos a un personajillo atento, gracioso y simpático cuya lengua es capaz de limpiar tu culo y el de todos tus ancestros hasta la cuarta o quinta generación de un sólo lengüetazo con tal de caer bien y conservar su puesto de trabajo precisamente para ocultar lo poco que trabaja, cuánto se escaquea o lo torpe que es para desempeñar dicha tarea. A veces ya lo hacen por vicio y todo.

No me quiero calentar con estos personajes, pero sencillamente les recomendaría, si alguna vez leen esto y se sienten identificados (aunque no lo harán, al menos lo segundo porque una persona de estas características no sabe o no quiere saber que lo es) yo les recomendaría sencillamente que se tomaran las cosas de una forma más…suave. Más agradable. Que empiecen a apreciar un poco a los demás y lo que los demás pueden llegar a hacer por y con ellos.

Todos tenemos días malos, incluso etapas malas. Puede incluso caerte mal alguien del trabajo y sencillamente, no soportar nada de lo que haga. Pero por favor, que para trabajar hay seis millones de personas esperando y seguro que cogerán un puesto de trabajo como esos con buena gana, ánimo y empatía precisamente porque saben lo que es sentirse ninguneado como yo me he visto hoy.

Que todos tenemos más o menos problemas es obvio. Que todos tenemos preocupaciones, también, para qué engañarnos.

Que todos nosotros, los trabajadores de toda la vida de los diversos sectores estamos más jodidos que nunca, más divididos, más confrontados y más acojonados por culpa del devenir de la política durante esta última década, el “sálvese quién pueda“, y que en lugar de tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado, joder, podríamos echarnos una mano mutuamente haciendo algo de piña, aunque fuera simplemente solidarizarse con alguien del mismo gremio al que poder echarle una mano en un caso puntual. O resumiendo: no jodernos la marrana entre nosotros, que bastante nos joden desde arriba ya.

Pero no me toquéis más la moral, por favor. Vivid y dejad vivir a los demás, que tampoco es tan complicado.

Los 5 factores de la creatividad (John Cleese)

Estas son de las cosas que voy encontrando por ahí y para no olvidar dónde las puse, las vuelco aquí en el blog. Son los cinco factores que según John Cleese, que debe ser un señor muy inteligente o algo así, influyen en la creatividad o más bien, pueden hacer tu vida más creativa.
 
 

1. Espacio. No llegarás a divertirte y por tanto, no serás creativo si te encuentras bajo las presiones habituales.

2. Tiempo. No es suficiente con crear un espacio; tienes que crear tu espacio por un periodo específico.

3. Tiempo. Dale a tu mente tanto -tiempo- como necesite para encontrar algo original y aprende a tolerar la incomodidad de ponderar entre tiempo e indecisión.

4. Confianza. Nada detendrá tu creatividad de forma más efectiva que el miedo a cometer un error.

5. Humor. La importancia evolutiva del humor radica en que nos transporta de un estado “cerrado” a uno “abierto” (de nuestra mente) más rápido que ninguna otra cosa.

Disfrutadlo 🙂

Gente de mierda.

Se acaba el año y nos ponemos finos, sensibles y trascendentales. Yo no iba a ser menos y mientras me guardaba la chorra cartera en su sitio pensaba: ¿Porqué habrá gente tan “de mierda”?

Y entonces como si de una casualidad se tratara, me encuentro el siguiente artículo por Facebook. No tiene desperdicio, aunque tiene una traducción nefasta. Imagino que alguien estaba demasiado motivado con el Google Translate, empiezas a traducir y no paras…

Nota: se que es largo, pero merece la pena. Os lo prometo.

CÓMO LIDIAR CON GENTE DE MIERDA

 LA EPIFANÍA (no sé de donde vendrá esta traducción, pero bueno…)

1) El mundo está lleno de hijos de puta. Por lo tanto, si me cruzo con uno, no es motivo de sorpresa, ni de rabia o frustración.

2) Solamente hay dos tipos de hijo de puta. Uno es la persona normal que ha tenido un mal día. Yo he tenido malos días muchas veces. En este caso lo que esa persona menos necesita es que yo responda a su agresividad con más agresividad. O puede ser que se trate de un hijo de puta verdadero. Una persona que merece que le griten, que lo golpeen y que lo pongan en su sitio. Pero, y aquí viene la parte más interesante, ese no es mi trabajo. Lleno como está el mundo de hijos de puta, sólo es cuestión de tiempo para que este hijo de puta se cruce con otro hijo de puta de igual calibre y se den su mutuo merecido. El mundo es hermoso en su perfección.

Como resultado de esta epifanía me di cuenta de que puedes NO REACCIONAR ante los demás. Es una opción factible. Estás en una situación desagradable y tú decides simplemente NO REACCIONAR. No pelear, no dar explicaciones, no disculparse, nada. Puede que esta idea suene obvia, y quizás lo sea para la mayoría de la gente, pero no tenéis ni idea de lo que significó este descubrimiento para mí. Hasta la fecha yo pensaba que uno debía hacerse respetar: yo rayaba coches, armaba revueltas, y en el cuarto año de bachillerato le pegué un puñetazo en la cara a la hija del rabino. Así que esta epifanía me liberó de un peso grande y me elevó a un nuevo plano, una especie de estado zen en el que puedo elegir cuándo involucrarme en una situación y cuando dejarla pasar.

[…]

La actitud no es un sombrero que te pones y te quitas a placer. Crees que estás transformando tu actitud, pero en realidad la actitud te transforma a ti. En poco tiempo ya no sabes donde terminas tú y dónde empiezan los consejos que te dieron. La identidad es algo poroso, frágil y es tan importante que hay que ser muy delicado con ella.

 […]

Después de darle muchas vueltas al tema, concluí que el único modelo útil como punto de partida para clasificar a los demás sería un modelo diseñado desde mis propias necesidades. Quiero decir, que basarte solo en la personalidad para clasificar a la gente es tan infantil como basar una amistad en gustos musicales. A ver si me explico, todos los modelos externos a mí son inútiles porque ubican al otro como sujeto principal de la interacción. Si estudio a la gente a través del modelo de Jung tengo que estudiarlos desde su perspectiva personal y entonces amoldarme yo a ellos. Eso es poco natural, inútil, consume demasiada energía y no produce buenos resultados. La idea es clasificar a la gente partiendo desde lo que te funciona a ti y a tu paz mental.

Tanto de la Ética a Nicómaco de Aristóteles, como de los sutras de Patanjali se puede extraer esta clasificación de la que voy a hablar a continuación. Así que mi idea no es nueva ni revolucionaria, pero eso no significa que no funcione, la he escogido por encima de las otras formas de clasificación porque parten de la ética, de cómo actuar frente a ellos.

Obviamente, puede que existan mil tipos de persona diferentes que no entran en esta clasificación, estoy segura que si te fijas con el nivel de detalle necesario cada persona es distinta. Pero estos 4 tipos son útiles para clasificar a la gente de acuerdo con tu propia paz mental.

1) GENTE FELIZ

La gente cree que el carácter de una persona se mide por las cosas que hace por los que son menos afortunados que él. Angelina Jolie, por ejemplo, es buena porque cuida a los niños pobres de Nepal. Pero la verdadera prueba de carácter no es esa, el carácter de una persona se mide en lo que hace frente a los que son más afortunados que él.

La reacción ante una persona feliz es siempre parecida. Uno puede creer que alguien es feliz sólo porque tiene cosas que nosotros no tenemos. El Éxito básicamente. Nuestro sentimiento hacia ellos se podría calificar de resentimiento. Es un reflejo natural. No digo que todo el mundo lo tiene pero sí que es muy frecuente. Si la persona en cuestión es realmente feliz o no, es irrelevante, para propósitos de esta clasificación basta con que creamos que lo es.

He estado muchas veces en esa situación. Ves al otro y piensas: no entiendo qué hizo para merecerlo, yo soy mucho mejor y una retahíla de mensajes parecidos. Si esa persona no es muy diferente de ti, si consideras que está a tu nivel, entonces lo catalogas de hipócrita, de falso o de mediocre. De que sonríe demasiado y eso no es normal. Porque si tenemos el valor suficiente para admitir que quién está a la par de uno es capaz de ser feliz, todas las excusas para ser miserable quedan en evidencia.

Pero es imposible vivir en paz a menos de que logres sentirte GENUINAMENTE FELIZ por ellos. Esto lo sé por experiencia propia. Ser feliz es tan difícil, requiere un compromiso tal, que quienes lo consiguen no es solamente por suerte. Alegrarse por ellos es algo que necesitamos y no por altruismo o por moral, sino por tu propia salud mental.

Si logras sentirte feliz de verdad por alguien que es feliz, es porque has asumido que la felicidad es una meta posible de alcanzar. Has aprendido que su felicidad no disminuye la tuya. Que la felicidad no es un pan que se comparte y te puedes quedar sin tu trozo. Te has bajado exitosamente de la rueda del hamster. Así que hay que aprender a alegrarse de verdad por los demás. Esta actitud no es fácil de mantener y creo que para hacerlo hay que ejercitarla a diario: dedicar unos momentos cada día a sentirse feliz por las personas felices que uno tiene alrededor. Cultivar sentimientos de amistad hacia ellos. Si me descubro pensando cosas negativas sobre ellos me gustaría aprender a frenarlo antes de que la envidia y los celos me dominen.

 2) GENTE QUE SUFRE

Hay gente que sufre de forma gratuita, esa gente que cree que sufrir es noble. Pero también hay gente que está sufriendo de verdad. Sufren porque tienen problemas que no saben manejar. Quizás sea porque no pueden aceptar que ciertas cosas escapan de su control. Están peleados con la realidad. Sus problemas son reales porque así los sienten.

Yo he sufrido en el pasado, he estado triste y hasta deprimida. A veces mueren personas que te importan, a veces las cosas no funcionan como tú querías, y todo eso te hace sufrir. Así que la mejor actitud frente a gente que sufre es la compasión equilibrada. Identificarse con sus sentimientos sin perder la perspectiva.

A lo que me refiero con eso es que si una persona cercana está sufriendo, muchas veces nuestro reflejo es tratar de “salvarlo” de su situación. Pero tratar de cargar el peso de una persona que sufre es una tarea que no le deseo a nadie. Es imposible sacarlos de su problema porque aunque puede que sean circunstancias externas, están también en su interior. Conviene comprender que cada quien es el único responsable de su propio bienestar. Pero eso no significa que no puedas echarle una mano. Comparte si puedes, ofréceles tu compañía y tu consejo, pero guarda distancia emocional.

3) GENTE BUENA

Hay gente que es buena. Hacen cosas de forma desinteresada. Realmente existen. A veces cuando alguien me ofrece ayuda de la nada yo dudo de sus intenciones. ¿A qué viene tanta amabilidad? Pero en el fondo me gustaría ser capaz de ser buena como un impulso natural. En inglés tienen un adjetivo mejor para describir a este tipo de persona y es “kind”. Una persona que posee “kindness” se regocija en la amabilidad. Es una bondad de carácter, una bondad natural. No hay esfuerzo detrás de sus acciones y por lo tanto no es un sacrificio, no esperan nada a cambio. A mí me gustaría ser un poco más así. Una práctica buena es apartar un momento del día para recordar a las personas que son buenas contigo en tu vida y sentir agradecimiento hacia ellos. Cultivar hacia ellos la buena voluntad.

4) GENTE DE MIERDA

El tiempo que podemos pasar obsesionados con gente de mierda es increíble. Gastamos saliva, tiempo, energía y espacio mental en ellos. Son la principal causa de que se malgasten neuronas en todo el mundo. La gente de mierda pocas veces está conciente de que son gente de mierda. Por lo general creen que son gente buena, o gente que sufre. Pero no. Son gente de mierda y ya. Y no son los hijos de puta de los que hablaba al principio de este post, aunque muchas veces los dos grupos se solapan. Cuando hablo de gente de mierda me refiero a gente cercana.

La gente de mierda te hará daño sólo porque sí. Porque pueden. No entienden la situación, no aceptan razones, no les importa. Si son muy cercanos a veces ni siquiera te das cuenta del daño que te hacen. Empleas tu energía en buscar excusas para sus actitudes. Pero reconocerlos es fácil: son las voces que escuchas en tu cabeza cuando das vueltas en tu cama intentando dormir y no puedes. En tu cabeza te gritan, y tu les gritas, y ellos vuelven a gritarte y tú a ellos, todo el día, toda la noche, todos los días. Es una pelea contínua con la gente de mierda en tu propia cabeza.

Otra forma de identificarlos es cuando reconoces que cada vez que interactúas con estas personas terminas sintiéndote mal contigo mismo. La gente de mierda te juzga, te hace sentir culpa y vergüenza por ser quien eres. Ellos creen que están haciendo lo correcto, que están cumpliendo con un deber moral. Tú sabes de quiénes te estoy hablando, lo sabes porque seguramente tienes a 10 o 20 personas así en tu vida. Familiares, amigos, un jefe, un conocido, un ex, un compañero de trabajo, da igual, tú sabes quiénes son.

 […]

Son gente de mierda. No importa lo que tú hagas por complacerlos o por mejorar la relación, la gente de mierda no cambia. Nunca serás suficiente para ellos. Son incapaces de afrontar sus propias responsabilidades y cargan a los demás con el peso de su infelicidad. Y tú no puedes evitar sentirte mal y fantasear con mandarlos a la mierda de donde salieron, pegarles un puño en la cara o publicar sus más terribles secretos en internet.

DETENTE.
Sólo existe una forma de lidiar con las personas de mierda: IGNORARLOS POR COMPLETO. No les hables, no les escribas, no pienses en ellos, no gastes ni un solo minuto de tu día en eso. Lo más importante de todo es no criticarlos, ni en tu cabeza ni con los demás. No hables mal de ellos. No existen. Imagina que eres una sartén de teflón y que todo te resbala. Es la única forma de mantenerse a flote.

 Ellos quieren pelear, y si te metes en la mierda con los cerdos tú te ensucias y los cerdos se alegran.”

Es un extracto del libro “Acapulco70 Al Desnudo“. Y es fantástico xD